Una mujer llamada Malú, el reclamo femenino y la polarización en América Latina

Una teleserie brasileña que marcó a varias generaciones sirve de punto de partida para recorrer cuatro décadas de feminismo, cultura, revolución y polarización en América Latina. Entre Cuba, Brasil y Venezuela, el artículo muestra cómo algunos debates cambian de rostro, pero siguen acompañando a nuestras sociedades. Una historia llena de paradojas y memoria.

A Yessika Aponte, dedico, por tantas conversas.

1.

No fueron los personajes icónicos de Joan Collins o de Kim Cattrall, en películas y series, los primeros a los que tuvimos acceso en la exhibición mediática de una feminidad dispuesta a reclamar igualdad frente al hombre. Igualdad no solo ante su cuerpo y sus deseos, sino también en el espacio laboral y social, la crianza de los hijos o el trabajo en el hogar. En 1983 la descubrimos en una teleserie brasileña transmitida por Venezolana de Televisión titulada «Una mujer llamada Malú».

La historia de una profesional divorciada, viviendo con su hija en un edificio de apartamentos en una ciudad exigente, enfrentando los retos de una sociedad dominada por los hombres. Muestra las relaciones entre hombre y mujer; las dificultades de la vida matrimonial y profesional; la educación de los hijos; y la brecha generacional. Diálogos reflexivos y humor cotidiano. No la bandera de un feminismo exagerado proponiendo una sociedad sin hombres, sino la presencia de la mujer en toda la plenitud de su humanidad y necesidades. En 1982 la señora Thatcher había demostrado al mundo que las mujeres también podían dirigir una guerra, y allí el que no aprendió ya no aprendió.

Creada por el actor, director y guionista Daniel Filho, «Una mujer llamada Malú» fue producida por la cadena TV Globo y transmitida entre 1979 y 1980. Fue emitida en 55 países y se convirtió en referencia de la televisión brasileña, sirviendo de plataforma a su protagonista para otros espacios de exposición como el programa “Mujer”.

El personaje Malú —interpretado por Regina Duarte, a quien después disfrutaríamos en personajes entrañables de telenovelas como «La reina de la chatarra», «Vale todo», «Por amor» y «Roque Santeiro»— era una mujer de ideas liberales que salió a la calle a luchar por sus derechos como mujer, madre y ciudadana. Personaje y protagonista parecieron fundirse ante audiencias de dos continentes. La serie obtuvo premios en Brasil, España y los Estados Unidos.

2.

En mayo y junio de 1982, la prensa venezolana recogía el sentir de las mujeres organizadas del país, planteando ante una sociedad profundamente machista reclamos como: patria potestad compartida y disposición conjunta de los bienes de la comunidad conyugal; fijación del domicilio matrimonial de mutuo acuerdo; causal de divorcio por adulterio en igualdad de condiciones; y acortar a un año el tiempo de separación de los cónyuges (El Universal, Caracas. 6 de julio de 1982).

Es decir, la Reforma Parcial del Código Civil. Las proponentes recibieron aplausos de los señores diputados al someter el documento ante el Congreso Nacional, pero debieron enfrentar el forcejeo ante una mentalidad tradicional materializado en la negativa o el cuestionamiento al contenido de varios artículos. Así que los asuntos expuestos en el serial brasileño no eran ajenos a las venezolanas.

Para su edición de julio-diciembre de 1984, la revista Conjunto, de Casa de las Américas, recoge parte de la visita de Regina Duarte a La Habana ese año. Soledad Cruz —la autora de la reseña— señala que «Una mujer llamada Malú» también había «revolucionado los reductos del machismo en Cuba» (p. 5).

Periodista y ensayista, parte de la maquinaria cultural del proyecto castrista, Cruz indica en su relato —donde lamentablemente no se colocan comillas para distinguir la propia voz de la de su entrevistada— el entusiasmo de la actriz por conocer a Fidel Castro y los encuentros sostenidos con creadores y público. Si bien, no detalla pormenores de la reunión con el líder, comenta la experiencia de la presentación en el Teatro Carlos Marx junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Las fotografías de Roberto Riquenes – responsable de efectos de la película Memorias del subdesarrollo (1968) — muestran a Regina Duarte hojeando el libro En marcha con Fidel, de Antonio Núñez Jiménez, y conversando con los directivos de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar y Mariano Rodríguez, también dialogando con un grupo de mujeres.

Con cierta soberbia, la escritora asume el esfuerzo de señalar la persistencia del machismo en la sociedad socialista, indicando, sin embargo, que solo en Revolución podía ser definitivamente superado. «Desde el punto de vista social —apunta la reseñista—, la mujer cubana está realmente a la vanguardia, pero ese avance acelerado no ha tenido la misma correspondencia en lo estrictamente individual, en la mentalidad y en la vida familiar. Quedan muchos prejuicios en la propia mujer que limitan su plena realización humana» (p. 8). Eso justificaba la acogida de la teleserie.

Soledad Cruz califica a Duarte y a Daniel Filho —entonces su marido y quien la acompañaba en ese viaje— como «elementos progresistas brasileños interesados en las relaciones más amplias entre los dos países». Expresaba en 1984 la posterior escritora y funcionaria que Cuba tenía en Brasil «un embajador» en Chico Buarque de Hollanda.

3.

Este 2026 —exactamente 42 años después de aquella reseña en la revista Conjunto— se ha publicitado en redes la visita solidaria a Cuba del autor de melodías popularizadas bajo títulos como «O qué será», «Déjala bailar» o «Mar y luna», para grabar una versión de la canción «Sueño con serpientes» junto a Silvio Rodríguez. Lo recaudado —se ha anunciado también— se destinará a un oncológico infantil. Un gesto ante las amenazas del gobierno norteamericano de repetir la incursión en Caracas, ahora sobre la capital cubana. El «embajador» sigue consecuente. Regina Duarte, en cambio, se deslindó del campo político-ideológico que sigue dando «vigor» al proyecto castrista. Fuerte crítica de los gobiernos de Dilma Rousseff y de Lula da Silva, cuestionadora de las posiciones de un Chico Buarque, «que vive más en París que en Río», Duarte ocupó los cargos de Secretaria Especial de Cultura y directora de la Cinemateca en São Paulo durante el gobierno de Jair Bolsonaro en 2020, administración que se negó a otorgar un premio literario al cantante, compositor, dramaturgo y novelista, hijo del historiador Sérgio Buarque de Hollanda.

Una entrevista para CNN Brasil en mayo de 2020 fue el detonante de una polémica entre la actriz-funcionaria y muchos de sus colegas. En la comparecencia minimizó la censura y las torturas de la dictadura militar brasileña de los años sesenta y setenta, así como las muertes por coronavirus, secundando posiciones de Bolsonaro.

Pocos días después un manifiesto de rechazo firmado por más de 500 artistas, periodistas e intelectuales fue la respuesta. Entre ellos, Chico Buarque, Daniel Filho —exesposo de Regina Duarte y creador de la serie que la hizo famosa internacionalmente—, Luis Fernando Veríssimo, Eric Nepomuceno, Nélida Piñón, Silvio Tendler, José Joffily, Lucía Murat, Sergio Rezende, Fernando Meirelles, Zezé Motta, Fafá de Belém y Caetano Veloso.

Cuestionaron a un gobierno que atacaba constantemente al arte, la ciencia y la prensa, pretendiendo acabar con la libertad de expresión. Repudiaron la actuación de Duarte y la significación de sus declaraciones para la memoria del país. Paradojas de un continente. Hay tiempos que no cambian. La historia tampoco es un rápido suceder de transformaciones.

Las mujeres siguen reclamando; el machismo continúa en su dominio. Sectores de izquierda persisten estáticos. Religión y política se confunden. Factores de derecha despuntan sobre el olvido de sus actuaciones y la manipulación de muchos intelectuales prestos a la movida. Novedad e inteligencia en política parecen sepultadas. La democracia sigue siendo más anhelo que realidad. La memoria, un campo de batalla sin fin. El bienestar económico para amplios sectores, la solidez institucional y las libertades públicas son sueños atacados por serpientes.

6 de junio de 2026.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.