Discurso de María Corina Machado en Panamá

En un multitudinario acto realizado este sábado 23 de mayo en Panamá, María Corina Machado aseguró que la transición democrática en Venezuela “es irreversible” y llamó a la diáspora a prepararse para el regreso al país.

Cuánta fuerza, cuánta energía, qué emoción encontrarme aquí, en este lugar que no sólo ha sido de encuentro entre continentes, sino también un lugar de paso doloroso de decenas de miles de venezolanos y que será ahora, sí, la escala de vuelta para construir el país que amamos.

Esta tierra que ha abierto sus brazos, sus corazones, a cada uno de ustedes, que representan a Venezuela entera. Esta tierra de gente buena, generosa, noble, que los hizo también a ustedes panameños, pero ustedes también los hicieron a ellos venezolanos.

Por eso yo quiero darle las gracias a Panamá. Gracias, Panamá.

Quiero dar las gracias porque cada uno de los ciudadanos de este país ha asumido su causa, nuestra causa, como suya.

Quiero agradecer a las autoridades del gobierno, al presidente Mulino, que además acogió nuestra solicitud de que este gran país fuese el depositario protector de nuestras actas de la victoria. Y aquí, en esta tierra, está la demostración de lo que somos capaces de hacer los venezolanos, aunque enfrentemos los obstáculos más grandes.

Esta ruta, que yo la llamo la ruta de los imposibles, porque todo el tiempo nos dijeron que era imposible. Que era imposible unir a un país que el comunismo chavista había fragmentado, humillado, enfrentado. Y fuimos de pueblo en pueblo, de casa en casa, corazón por corazón.

Derribamos cada uno de esos muros y unimos una nación alrededor de los valores que nos definen. Porque si hay un pueblo noble, si hay un pueblo bueno, trabajador, creativo, generoso, valiente, ese es el bravo pueblo de Venezuela.

Y salimos unidos. Y fuimos a un proceso que nos dijeron que era imposible. “Es imposible organizar un proceso de primaria sin que intervenga el Estado, sin la plata, sin los medios, sin las armas, sin los apoyos. Además, es imposible que los partidos se pongan de acuerdo para darle el poder a la gente”.

¿Y qué ocurrió? Que los partidos, todos, decidimos: es la gente quien manda, la gente quien decide, y vamos a darle ese poder para que de allí emane un mandato.

Y ese 22 de octubre fuiste tú. Tú. Cada uno de nosotros.

Decidimos.

Y así como les dije, fuimos superando los obstáculos, unimos un país, le dimos el poder a la gente, nos organizamos en un movimiento indetenible que enfrentó y derrotó a Nicolás Maduro con sus propias reglas.

Recogimos la evidencia. Ustedes saben cuántas vidas se pusieron en riesgo para que todas esas actas de la verdad pudieran encontrarse y pudieran demostrarse frente al mundo de lo que Venezuela ha decidido: ser libre.

Lo logramos, lo demostramos, nos las trajimos para acá para que estuvieran bien cuidaditas, y desde aquí ustedes se las van a llevar de vuelta para que regresen a Venezuela, donde quedarán para la historia y para las futuras generaciones como la demostración del hecho ciudadano, de la hazaña ciudadana más importante de nuestra historia.

Nosotros le hemos dado un ejemplo al mundo.

¿Y saben por qué hicimos posible lo imposible? Porque lo hacemos… ¡a la venezolana, carajo!

Y eso significa que nada nos detiene, que nada nos divide, que nada nos desenfoca, porque aquí hay un solo propósito. Y es lo que hoy quiero transmitir: aquí hay un solo propósito. Vamos a liberar a Venezuela. Vamos a concretar la transición a la democracia. Vamos a tener elecciones presidenciales libres en las cuales todos ustedes van a poder votar de manera libre y con toda esa emoción y ese orgullo de ser esa generación que construyó este momento.

Y hoy, créanme, un amigo me decía que no somos sólo 9 millones de venezolanos alrededor del mundo que apoyamos este movimiento, que sumamos nuestra energía. Cada uno de ustedes, ¿a cuántos panameños no ha conquistado para la causa? ¿Y en Estados Unidos? ¿Y en Colombia?

Imagínense este cálculo: si cada uno de los 9 millones de venezolanos ha conquistado a cinco personas de otro país para nuestra causa, ¿saben lo que eso significa? Que hoy tenemos 45 millones de voces en el mundo gritando “¡Libertad para Venezuela!”.

Ahora, si cada uno de esos venezolanos consigue 100 personas, ustedes saben lo que esto significa: 900 millones de voces gritando “¡Venezuela libre y elecciones ya!” en el planeta entero.

Díganme ustedes: ¿qué otra causa en el planeta logra este nivel de energía y de fuerza?

Por eso es que nosotros hacemos posible lo que otros creen imposible. Y eso hoy hace que cada venezolano que ha tenido que dejar su país sea esa fuerza, esa palanca que alinea al mundo desde adentro y desde afuera.

Yo hoy estoy aquí acompañando a los venezolanos que están afuera para decirles: prepárense. Ya vayan calentando las maleticas. Ya vayan haciendo las llamadas para la casa. Vayan pensando dónde van a llegar, qué negocio van a inventar, todo eso que vamos a llevar de regreso.

Piensen en la persona que ustedes eran cuando salieron hace seis meses, seis años, 15 o 20. Cómo era el venezolano que salió y cómo es el venezolano que ahora regresa.

Un venezolano que valora su país, su tierra, como ninguna otra generación.

Un venezolano que ama la libertad y sabe lo que cuesta perderla, y por eso la va a cuidar como ninguna otra generación.

Un venezolano que sabe lo que es perder a la familia. No poder estar en el entierro del abuelo o en el bautizo del nieto, en el matrimonio del hijo o en las hallacas, en el Día de la Madre o en el cumpleaños.

Todos lo hemos vivido.

Y por eso hoy no hay una generación en la historia, yo les diría en el mundo, que entienda lo que significa tener a la familia unida.

Por eso cuando alguien dice: “¿Qué has hecho? ¿Ese movimiento electoral, político, en Venezuela?”. Yo digo: no, no, no. Se están quedando cortos.

Este es un movimiento que tiene raíces muy profundas: humanas, culturales, sociales, espirituales.

Por eso yo les decía: Maduro va a salir un día antes o un día después, ese no es el problema. Y por eso hoy lo digo: Delcy Rodríguez se va un día antes o un día después, eso no se cuestiona, eso no está en duda.

El gran desafío es: ¿esa Venezuela que emerge va a hacer esto bien? ¿Va a construir esos pilares republicanos, éticos, liberales, que harán que Venezuela nunca jamás vuelva a bajar la cabeza frente a una tiranía? ¿Nunca jamás volvamos a vivir la humillación de la opresión o el silencio?

Ese es el legado que le damos a nuestros hijos.

No es sólo una Venezuela libre. Es una Venezuela que habrá aprendido esta lección. Una Venezuela que entiende lo que significan instituciones sólidas.

Porque cada uno de nosotros va a estar un tiempito. Yo estaré unos años y después vendrán otras generaciones.

Y yo me voy a ir, para que sepan, a sembrar papa y ajo en los Andes. Ya saben, para el páramo.

Y en este día, no descansaremos hasta que Cuba sea libre. Y tampoco descansaremos hasta que nuestra querida Nicaragua lo sea también.

Venezuela ha sido en estos años un foco de desestabilización. Venezuela ha llevado a otras tierras dinero mal habido y ha provocado enfrentamiento y división, negocios criminales, desde un régimen que se apropió de nuestras riquezas y le arrebató los recursos a nuestra gente.

Y esa será la gran transformación: Venezuela será foco de luz, de verdad, de bien, de trabajo.

Piensen lo que va a significar ese día en que Venezuela dé el paso a la libertad y empiecen a volver millones de venezolanos de todas partes del mundo, desbordando el aeropuerto, desbordando el puente Simón Bolívar, llegando en barco, en peñero, a pie.

Allá cabemos todos.

Hoy quiero decirles algo: aquí está una Venezuela con una dirección política clara. Una Venezuela que representa múltiples ideas, múltiples organizaciones.

Hemos estado en desacuerdo muchas veces, gracias a Dios, porque es aburridísimo cuando todo el mundo está de acuerdo, ¿verdad? La democracia se trata de eso.

Pero hoy hay absoluta claridad de que hay un objetivo superior. Y todas las aspiraciones legítimas están supeditadas a un objetivo superior: la libertad de Venezuela.

Y por eso hoy aquí, frente al país, frente al mundo, les decimos: aquí estamos.

La gente que dio un mandato. Los venezolanos dentro y fuera. Los latinoamericanos. Los ciudadanos libres del mundo acompañando esta causa.

Este movimiento tiene un propósito: la liberación de Venezuela, el regreso de nuestros hijos a casa y la construcción de una nación que nunca más dejará de ser libre. Libre para siempre.

Hoy aquí hay un compromiso: Venezuela nos necesita ya.

Enfrentamos la etapa más compleja, sí, porque al final el remate siempre llega con las condiciones más extremas.

Pero les digo: todo este camino, desde que dimos el primer paso hasta el día de hoy, nos fue preparando. Nos fue haciendo más recios, más inteligentes, más disciplinados, más organizados y más convencidos de que esto es hasta el final.

Hasta el final.

Hoy estamos haciendo aquí un compromiso, un Acuerdo de Panamá, desde Panamá a Venezuela y al mundo.

Esto es un testimonio de la gente, porque todo lo que hemos hecho es con la gente, para la gente, por la gente, gracias a nuestra gente.

Vamos desde hoy a hacer este compromiso en Panamá por lo que viene.

Ya saben: cada uno de nosotros afuera tiene el compromiso de sumar 10 voluntades, 10 voces, 100 apoyos, para llegar a los 900 millones de voces alrededor del mundo.

Porque esto no lo para nadie, carajo. No lo para nadie.

Porque esto demuestra cómo esta causa une a la familia.

Cada uno de nuestros muchachitos, los abuelos, los jóvenes que estamos aquí, lo hacemos porque sabemos que esto es el puente al regreso.

Porque sabemos que ese regreso depende de nosotros. De que hagamos nuestra tarea como la hemos venido haciendo: con responsabilidad, con ética, con inteligencia, con disciplina, con coraje y con amor.

Porque no hay fuerza más poderosa que el amor. El amor a nuestros hijos, el amor a nuestra tierra y el amor a la libertad.

Tenemos una tarea por delante.

Venezuela nos necesita unidos, organizados, activos, focalizados.

Aquí la estrategia está muy clara. El objetivo también.

Hemos llegado hasta aquí porque cada uno de nosotros asumió su compromiso y su tarea. Nadie esperaba que el otro hiciera lo suyo. Cada quien encontró dónde servía mejor al país y a la causa.

Eso es lo que necesitamos hacer ahorita de nuevo.

Si hicimos 100, hay que hacer 1.000. Y si hicimos 1.000, hay que hacer un millón.

Este es el desafío y este es el compromiso.

Nosotros que estamos aquí confiamos en ustedes.

Yo he puesto mi vida en sus manos porque yo confío en Venezuela.

Y por eso se acerca el momento en que voy a regresar a nuestro país.

Pero no soy yo. Yo soy una más. Son millones de venezolanos los que vamos a regresar a una nación, a convertir esa tierra arrasada en tierra de gracia.

Ese es nuestro compromiso.

Panamá es hoy el corazón de esta causa. Desde aquí, donde reposa el testimonio de nuestra soberanía popular. Aquí, donde el mundo constató la verdad de un país que ya derrotó a una tiranía y que lo que falta es terminar de desplazarla.

Sabemos lo que tenemos que hacer y lo vamos a hacer de manera cívica, organizada, eficiente.

Siempre con la verdad por delante. Siempre con integridad, con honor, con respeto por la dignidad.

Porque de eso se trata.

El valor supremo, sagrado, es la dignidad humana.

Lo que esta gente intentó pisotear y destruir, y que ustedes con su ejemplo cada día rescatan, restituyen y reivindican.

Es esa dignidad de cada uno, como individuos, la que ha construido la dignidad de la nación, que se levanta erguida, digna y orgullosa.

Porque imagínense cómo vamos a gritar con orgullo cuando esa pronta liberación ocurra:

“¡Soy venezolano! ¡Con orgullo soy venezolano!”

Así que en esta hora les pido fuerza y convicción.

Aquí estamos listos, de pie, decididos a hacer nuestra tarea, dispuestos a volver, confiando unos en otros.

Sabemos lo que tenemos que hacer.

Aquí estamos nosotros todos, como testimonio de las distintas expresiones políticas y sociales, en unidad al servicio de la gente, con un mandato claro y decididos a hacerlo bien.

Así que hoy quiero terminar como arrancamos:

Gracias, Panamá.

Gracias a cada uno de ustedes.

Gracias a la vida por este momento que nos marca para siempre.

Gracias a Dios, que no nos ha abandonado en este camino lleno de milagros. Pero los milagros requieren trabajo propio. Papá Dios quiere que nosotros hagamos nuestra parte también, y vaya que la hemos hecho.

Lo que viene es grande.

Lo que viene es extraordinariamente grande.

Lo que viene es bueno.

Lo que viene es duro, mucho trabajo.

Vamos a llegar, remangarnos las mangas, y si esto ha sido trabajo fuerte, prepárense para lo que va a ser la reconstrucción de un país.

Pero es un trabajo hermoso. Es ese trabajo hermoso de hacer las cosas bien.

Bueno, mis amigos queridos: a trabajar.

De aquí salimos energizados.

De aquí salimos convencidos de que esta fuerza es indetenible.

De aquí salimos agradecidos.

Y de aquí salimos con la convicción de que, de la mano de Dios, llegaremos al destino que nos hemos propuesto.

Vamos a reencontrarnos muy pronto.

Seguramente yo voy a ir antes que algunos de ustedes y los esperaré allá.

Y nos prometemos que esta misma energía que hoy estamos viviendo en esta ciudad que adoramos, la vamos a tener en las calles de toda nuestra Venezuela adorada.

Falta muy poco. El momento lo hemos ido construyendo.

El futuro lo construimos y lo decidimos nosotros, la gente.

Tenemos que confiar como hemos hecho hasta ahora.

Tenemos que seguir.

Nada ni nadie nos detendrá.

Tenemos la fuerza, tenemos la convicción, tenemos la estrategia, tenemos la organización y vamos de la mano de Dios.

Dios bendiga Panamá.

¡Viva Venezuela libre!

¡Viva Venezuela!

¡Hasta el final!

¡Para Venezuela vamos!

Dios me los bendiga. Los quiero mucho.

¡A la venezolana!

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