Farruco Sesto según sus escrituras

Una serie en nueve entregas (1 de 9)

Para la tumba de Bolívar sí hubo estudio de suelos

En la página 317 del libro oficial que celebra el Mausoleo del Libertador hay una ficha técnica que hoy cobra un nuevo sentido: el estudio de suelos lo firma el ingeniero Silvio Carrillo y el cálculo estructural se contrató a una empresa, Inesa C.A. Para las cuarenta y tres torres que la misma oficina levantó en La Guaira —dieciséis de ellas hoy en el suelo— no existe ningún documento equivalente publicado.

La línea está en letra pequeña, al final de un libro de trescientas veinte páginas editado con dinero público. Dice así: «Estudio de Suelos. Ing. Silvio Carrillo».

El libro se llama El Mausoleo del Libertador. Lo publicó en 2013 la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (Opppe) para celebrar la cripta que había levantado detrás del Panteón Nacional, en el centro de Caracas, para albergar los restos de Simón Bolívar.

Esa línea forma parte de una ficha técnica de dos páginas que detalla, epígrafe por epígrafe, quién hizo qué en aquella obra. Estudio de impacto ambiental: la ingeniera Clara Platt y la geógrafa Lucía Castañeda. Instalaciones eléctricas: los ingenieros Luis Yépez y Mario Duboise. Instalaciones sanitarias, mecánicas, contra incendio, voz y data, gas. Iluminación monumental. Restauración de las esculturas. Paisajismo. Inspección de obras. Cada renglón, con su empresa y sus responsables.

E incluye una entrada que conviene leer despacio: «Cálculo Estructural: Inesa C.A. Ing. Luis Núñez. Ing. Eliud Hernández». Nótese el detalle. Las instalaciones eléctricas, las sanitarias, las mecánicas y el paisajismo aparecen atribuidos a la propia Opppe; se hicieron en casa. El cálculo estructural, no. Ese se contrató afuera, a una empresa especializada.

Es decir, aquella oficina tenía en nómina a los ingenieros del aire acondicionado y de las tuberías. Al que calculaba si el edificio resistiría, lo reclutaba en otra parte.

Lo que no existe

Para la tumba de un hombre que lleva dos siglos muerto hubo estudio de suelos, lo firmó un ingeniero identificable, se contrató a una firma para calcular la estructura, y todo eso se imprimió, se encuadernó y se repartió.

Hay que establecer lo que esto prueba y lo que no. No prueba que a las torres de vivienda no se les hicieran estudios de suelo. Es probable que a varias sí. Lo que está probado es otra cosa, y basta. Aquella oficina era capaz de encargar, documentar y publicar un expediente técnico completo, con el nombre de cada profesional responsable. Lo hizo para una tumba. Nunca lo hizo para cuarenta y tres edificios de viviendas.

El 24 de junio de este año, dos terremotos de 7,2 y 7,5 sacudieron el Litoral Central con pocos minutos de diferencia. De esas cuarenta y tres torres, dieciséis se vinieron abajo. Las veintisiete restantes quedaron en pie con daños estructurales; muchas llevan pintada con spray, en la fachada, la letra D, que en la jerga de la emergencia significa demolición. En los nueve urbanismos había 3.637 apartamentos; unas catorce mil quinientas personas.

«No hacíamos estudios de suelo»

El hombre que dirigió la Opppe se llama Francisco de Asís Sesto Novás (Vigo, Galicia, 11 de octubre de 1943), pero en Venezuela, adonde llegó en 1948, cuando tenía cinco años, nadie lo conoce por otro nombre que Farruco. Arquitecto, dos veces ministro de Cultura de Hugo Chávez, ministro de Vivienda y Hábitat, ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, Premio Nacional de Arquitectura en 2015. Hoy vive en Galicia.

Siete años antes del terremoto, en junio de 2009, en una sala pequeña de Madrid, ante un grupo de españoles agrupados en una plataforma de afectados por sus hipotecas, fue a explicar, por encargo del entonces embajador de Venezuela en el reino, Mario Isea, las virtudes de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Para justificar la velocidad a la que se había construido, dijo: «No hacíamos estudios de suelo. Teníamos mucha urgencia por entregar las viviendas».

Así. Como si nada. Sin dramatismo. Casi como una virtud: la urgencia era por la gente. Cuando las torres se cayeron, el mes pasado, desmintió haberlo dicho.

El tercer papel

Hay un documento más, y es el que convierte todo esto en otra cosa.

En abril de 2009, Farruco Sesto le entregó al presidente Chávez un informe titulado Vivienda para el socialismo. En el capítulo 13 propone, con estas palabras, crear «una institución pública, organizada en red, con presencia en todos los estados, especializada en estudios de suelo para vivienda», dotada de laboratorios y capaz de hacer «miles de estudios al año», destinados, dice el texto, a «los cálculos estructurales de las edificaciones».

Ese informe es, según sus propios valedores, la base teórica de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Quedan entonces tres hechos del mismo hombre: en 2009 pidió por escrito, y al presidente de la República, una red nacional de laboratorios de estudios de suelo. En 2013 publicó la ficha técnica del estudio de suelos de la tumba de Bolívar, con el nombre del ingeniero que lo firmó. Y años después dijo que para las viviendas no los hacían.

Chacumbele, él mismito se mató

La crónica del derrumbe ya está escrita, y muy bien. El 19 de julio, Armando.info publicó «Del apuro solo quedó el desastre de las Opppe», de Lisseth Boon, Patricia Marcano y Marcos David Valverde: el trabajo de campo en la zona cero, el presupuesto, las contrataciones sin licitación. Es el reportaje de referencia y se cita a lo largo de estas ocho entregas. Boon, además, ya había investigado a esa misma oficina en 2011, cuando decir estas cosas costaba caro.

Aquí haremos otra cosa. Nos proponemos la lectura de sus libros. Farruco Sesto es, probablemente, el alto funcionario del chavismo que más se ha explicado por escrito: más de veinte títulos publicados (informes, cuadernos de doctrina, conversaciones, columnas reunidas, poesía, libros de entrevistas, la revista de su propia oficina), casi todos disponibles en internet, subidos por él o por sus editoriales. No hay que interpretarlo. Basta con leerlo.

Y al leerlo entero surge un expediente que él mismo redactó. Fue él quien, en agosto de 2009, escribió que una estructura puede colapsar por un detalle. Fue él quien escribió que hacerlo mal «más que un error sería un delito». Y fue él quien nombró el vicio que había que erradicar: «la piratería, en el sentido de improvisación constante, provisionalidad perpetua y ligereza conceptual».

Todo lo que en estas ocho entregas se afirma sobre él lo escribió él, o consta en Gaceta Oficial, o lo publicó un periódico venezolano con fecha y página. Fueron dieciséis de cuarenta y tres torres, no todas: la exageración ha sido durante años la mejor aliada de los responsables. Y nada de lo que aquí se documenta acredita un delito. No consta imputación, ni investigación fiscal, ni condena contra ninguna de las personas o empresas nombradas.

Desde La Gran Aldea escribimos al ingeniero Silvio Carrillo (o a quien creemos que es él) para preguntarle si es el autor de aquel estudio de suelos y si trabajó en alguna de las torres de La Guaira. Al cierre de esta edición no había respondido, pero confiamos en que lo hará.

Queda, desde hoy, una pregunta abierta. Puede contestarla cualquiera que tenga el documento. ¿Dónde están los estudios de suelo de las torres Opppe 22, 25, 26, 27, 33 y 34? ¿Quién los firmó?

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.