Alejandro Grisanti: “No descarto que EE. UU. quiera avanzar hacia una dolarización en Venezuela”

En conversación con La Gran Aldea, el director de Ecoanalítica señaló que el rechazo a dolarizar la economía venezolana es una visión en la que coinciden tanto la presidenta interina Delcy Rodríguez como la principal líder de la oposición, María Corina Machado.

Para el reconocido economista Alejandro Grisanti y su firma, Ecoanalítica, la dolarización no es una medida “deseable” porque, aunque goza de popularidad, afectaría el crecimiento del sector productivo no petrolero en el mediano y largo plazo.

A un mes del doble terremoto que enlutó al país y destruyó centenares de estructuras, Ecoanalítica está por concluir un estudio que estima el porcentaje de construcciones afectadas por estado y la cantidad de dinero que se requiere para la recuperación.

Sobre la renegociación de la deuda externa venezolana, Grisanti desestimó la cifra de 240.000 millones de dólares publicada semanas atrás por el Financial Times y contrapuso el monto que su consultora ha calculado. Asimismo, enfatizó que, para un proceso de reestructuración sano, es indispensable contar con cifras reales sobre la economía del país, algo que Venezuela no tiene desde hace muchos años. “No entiendo el apuro”, sentenció.

—¿Cuánto dinero se requiere para reconstruir los daños que dejó el doble sismo en Venezuela?

Nuestro cálculo, de acuerdo con el estudio que estamos por publicar, es que se requieren doce mil millones de dólares para revertir la destrucción causada por la tragedia del pasado 24 de junio.

El estado que más sufrió fue La Guaira. Allí calculamos que el 42 % de las edificaciones resultaron afectadas. Luego está Yaracuy, con el 6,6 %; en tercer lugar, Miranda, con el 4,3 %; y, finalmente, el Distrito Capital, con el 3,3 % de sus construcciones afectadas.

En términos de millones de dólares, la reconstrucción de la infraestructura de La Guaira costaría alrededor de 4.500 millones; la de Miranda, 2.500 millones; la del Distrito Capital, 2.200 millones; y la de Yaracuy, 900 millones. Cuando sumas Carabobo, Aragua y las demás entidades afectadas, obtienes la cifra de doce mil millones. Nuestro estudio contemplará todos los estados donde se contabilizaron daños.

—¿El estudio de Ecoanalítica estima tiempos de reconstrucción?

Chile tuvo un terremoto de 8,3 grados en la escala de Richter y, posteriormente, fue sacudido por un tsunami. A ellos, con una economía estable y una institucionalidad robusta, les tomó cuatro años recuperarse. Haití, por su parte, sufrió una tragedia similar y sigue destruido dieciséis años después.

Nosotros tenemos un Estado institucionalmente débil, endeudado, que no genera confianza ni mantiene relaciones con los organismos multilaterales. Esa situación nos proyecta mucho más hacia un escenario como el haitiano.

Pero si en Venezuela se produjera un pacto nacional y se designara una autoridad única, fuera del Estado, aunque con representantes del gobierno, donde también participaran el sector privado, los organismos multilaterales y expertos multidisciplinarios, podríamos tener una recuperación en un poco menos de seis años. Sin embargo, de seguir como estamos, lo más probable es que nos tardemos veintinueve años en reconstruir la infraestructura que destruyó el doble sismo.

—¿Qué está pasando con la reestructuración de la deuda venezolana?

Al igual que la relación con los organismos multilaterales, de eso está encargado Calixto Ortega y es un proceso que se va a tardar, en el mejor de los casos, unos dos años.

La recuperación no puede esperar ese tiempo, pero me preocupa que Calixto Ortega sea hoy quien representa a Venezuela ante los organismos multilaterales. Además, es vicepresidente del área económica y presidente del Banco de Venezuela.

Yo creo que para cada una de esas tres responsabilidades se necesita una persona a tiempo completo. Si, además, él es quien se va a encargar de buscar los recursos para la reconstrucción y supervisar que se usen de manera eficiente, es imposible.

—¿A qué atribuye que Calixto Ortega haya acumulado tanto poder junto a los hermanos Rodríguez?

Es lo mismo que ha pasado durante los últimos veinticinco años: una rotación de cargos dependiendo del grupo de poder que esté al mando.

Hay un déficit de confianza y de relacionamiento entre los distintos factores, que produce este círculo nocivo para el país, desafortunadamente.

—¿Se debe o no reestructurar la deuda externa?

Para hacer una renegociación de la deuda se necesita mucha información y Venezuela tiene diez años sin publicar, por ejemplo, las cifras fiscales.

Ni nosotros ni los acreedores conocemos oficialmente los números, los activos o las potencialidades del país, y eso es clave a la hora de negociar. Por eso no entiendo el apuro.

También hay que buscar un árbitro que compense la asimetría de información existente. Eso lo pudiera hacer el Fondo Monetario Internacional, que, luego de recabar la data necesaria, podría determinar cuál es la capacidad de pago que tenemos, cuánto debería ser la quita que nos hagan y cómo podría estructurarse el cronograma de cumplimiento con los acreedores.

Nada de eso se está haciendo. ¡Los venezolanos no sabemos cuánto debemos!

—El periódico Financial Times publicó que la deuda es de 240.000 millones de dólares. ¿En Ecoanalítica están de acuerdo con esa cifra?

No. Esa estimación no se corresponde con los números que nosotros manejamos y que hemos construido con mucho detalle durante años.

Para nosotros, la cifra es de 180.000 millones de dólares.

El mercado se sorprendió con los 240.000 millones publicados por ese medio de comunicación y consideró que el gobierno está inflando la cifra como estrategia para obtener una mayor quita en las acreencias que tiene la República.

—¿Cómo está funcionando el mecanismo estadounidense que recibe y distribuye el pago del petróleo que está exportando Venezuela?

Aplica lo mismo que para la reestructuración de la deuda: por razones de transparencia, es altamente recomendable que se publiquen las cifras de ingresos y gastos de la cuenta que administra el Departamento del Tesoro.

El mecanismo consiste en que allí ingresan los recursos producto de las exportaciones petroleras y, posteriormente, el gobierno estadounidense envía los fondos que las autoridades venezolanas soliciten para el funcionamiento del país.

—¿Ese no iba a ser el rol de la auditora internacional KPMG?

Ellos tienen la función de auditar, no de publicar. Son dos cosas distintas.

El problema de la transparencia se resuelve con la publicación de esos números, para que todos los analistas e interesados puedan revisarlos y trabajarlos.

KPMG realiza su auditoría y entrega el informe a su cliente, que en este caso son las autoridades venezolanas y el gobierno estadounidense. Son esos dos actores quienes deciden si esa información se hace pública o no.

—Ecoanalítica ha informado que al mercado cambiario venezolano han entrado 7.897 millones de dólares durante los primeros siete meses del año, una cifra muy superior a la registrada en el mismo período de 2025. ¿Por qué ese auge de recursos no ha mejorado la calidad de vida de los venezolanos?

En estos meses la oferta de divisas se ha triplicado con respecto al año pasado, pero la sensación de escasez entre la gente y la desesperación por comprar dólares en el sector privado siguen siendo las mismas.

Esto ha provocado que la moneda continúe depreciándose y ese deterioro no se detendrá hasta que se permita al sistema financiero vender divisas a sus clientes sin fijar un tipo de cambio y se autorice la compra de dólares en el mercado de criptoactivos.

Estas medidas ayudarían a lograr una unificación cambiaria y a recuperar la libre convertibilidad del bolívar.

La principal causa del empobrecimiento del país es el control de cambio que estableció Hugo Chávez el 23 de enero de 2003.

En Ecoanalítica estimamos que esa decisión le ha costado a Venezuela, hasta ahora, 225.000 millones de dólares. Por eso hemos recomendado durante todo este tiempo eliminarlo.

Hasta que no se levante el control de cambio no se sentirá una mejora sustancial en la economía de la gente.

—¿En Washington hay conciencia de la necesidad de unificar el tipo de cambio?

Eso te lo respondo con otra pregunta: ¿no será que los estadounidenses están buscando dolarizar la economía y dejar atrás el bolívar?

Te digo más: este tema permite una coincidencia entre la presidenta interina Delcy Rodríguez y la líder de la oposición, María Corina Machado. A ninguna de las dos les gusta la dolarización.

A ambas, sus distintos asesores les han recomendado no dolarizar y, en Ecoanalítica, coincidimos con esa visión.

—¿Pero maneja información sobre si Venezuela va hacia una dolarización?

Es difícil saber si es solo el deseo de algunas personas dentro del Departamento del Tesoro y del Departamento de Estado o si la administración Trump realmente le va a dedicar esfuerzos a algo que, en principio, les es ajeno.

Pero no lo descarto.

En Ecoanalítica no vemos la dolarización como algo deseable porque, en el mediano y largo plazo, podría convertirse en una camisa de fuerza para el sector productivo no petrolero, que vería muy limitado su crecimiento.

—¿Por qué el presidente Trump insiste en que a los venezolanos les está entrando más dinero que nunca?

El presidente Trump es travieso desde el punto de vista comunicacional y, por eso, utiliza ese tipo de términos superlativos. Lo hace porque sabe que el mercado le cree.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.