
Gracias, Trump. Elecciones ya
Maduro salió del poder, pero la promesa de elecciones libres sigue sin cumplirse. Seis meses después, Venezuela continúa sin nuevo CNE ni calendario electoral, mientras el gobierno de transición toma decisiones de largo alcance sin un mandato otorgado por los ciudadanos. Este artículo plantea por qué la presión política debe enfocarse ahora en lograr elecciones cuanto antes y evitar que la transición se convierta en una tutela indefinida.
Primero que nada, gracias, Donald Trump y Marco Rubio. Ellos lograron lo que parecía imposible: sacar a Nicolás Maduro del poder.
Delcy ocupó el lugar de Maduro con el respaldo de Estados Unidos y bajo una promesa clara: estabilizar el país para luego convocar elecciones libres. Seis meses después, hay señales parciales de apertura —presos políticos, medios—, pero no hay un nuevo CNE ni un calendario electoral. Nos enfrentamos a un riesgo importante: una vez cubiertos los objetivos inmediatos de Washington —migración, estabilidad e inversión—, la democratización puede dejar de ser la prioridad. Y Venezuela puede terminar con algo que nunca pidió: un gobierno tutelado, estable para Estados Unidos, pero sin mandato de los venezolanos.
Adicionalmente, el gobierno de Delcy ha empezado a tomar medidas que afectarán al país en el largo plazo, incluyendo la reestructuración de la deuda, un plan de desarrollo petrolero, un plan de desarrollo eléctrico y privatizaciones. Medidas que se han tomado de espaldas al país. Ningún venezolano, fuera de la cúpula, puede decir que esas decisiones son representativas de su voluntad. Es difícil pedirles a los venezolanos que confíen en quienes fueron responsables de este desastre para reconstruir el país, algo demostrado recientemente con la respuesta al terremoto.
Denunciar esto no basta. Si queremos elecciones, tenemos que cambiar los incentivos de quienes hoy pueden acelerarlas. En política, como en economía, los incentivos importan: mientras retrasar las elecciones sea gratis, seguirán retrasándolas. La tarea de la oposición es aumentar el costo político y económico para Estados Unidos de no acelerar el calendario electoral.
Tres propuestas.
Primero, decir abiertamente que revisaremos y, si corresponde, renegociaremos los contratos y tratados firmados por el gobierno de transición. Un gobierno de transición es eso: de transición. No puede hipotecar el futuro del país. Ese simple anuncio cambia los incentivos. Si los acuerdos corren el riesgo de ser revisados por un futuro gobierno electo, acreedores e inversionistas tendrán interés en que las elecciones ocurran cuanto antes y en presionar para que así sea.
Segundo, activar a congresistas, senadores y gobernadores, tanto republicanos como demócratas, en Estados Unidos para generar presión política interna. Reuniones personales, cartas abiertas y correos electrónicos. La oposición debería convertir el retraso de las elecciones venezolanas en un tema de debate político estadounidense.
Y tercero, organizar movilizaciones pacíficas frente a la embajada estadounidense con una narrativa simple y proestadounidense: «Gracias, Trump. Ahora, elecciones.» Generando interés en los medios de comunicación estadounidenses, dando visibilidad al reclamo y aumentando el costo reputacional para Trump.
Corremos el riesgo de que el gobierno de transición de Delcy hipoteque al país de espaldas al pueblo y de que el pragmatismo estadounidense nos deje por fuera. Sin fecha electoral, no hay transición. Hay tutela.
Gracias, Estados Unidos, por ayudarnos a recuperar Venezuela. Ahora ayúdennos a devolvérsela a los venezolanos.