
8.431 días de injusticia: la excarcelación de los policías metropolitanos y una grieta en la barbarie chavista
23 años. 8.431 días. Una vida entera arrebatada por una prisión injusta. La excarcelación de los policías metropolitanos es una señal política del momento que atraviesa Venezuela. Pero todavía quedan más de 500 presos políticos.
Héctor Rovaín, Erasmo Bolívar y Luis Molina fueron excarcelados. Luego de 23 años presos por decisión de Hugo Chávez, volverán a dormir en sus casas. Pasaron 8.431 días secuestrados por un sistema que necesitaba castigarlos no por lo que ocurrió el 11 de abril de 2002, pues ellos son inocentes, sino por lo que representaban. Eran un símbolo. Y por eso el chavismo nunca quiso soltarlos.
Durante más de dos décadas, estos tres hombres cargaron sobre sus hombros una condena política diseñada desde el poder. Fue simplemente venganza. Chávez necesitaba construir culpables que ayudaran a cimentar el relato fundacional de su revolución, y los policías metropolitanos fueron convertidos en piezas útiles de esa maquinaria propagandística y autoritaria. Mientras el país se hundía en la destrucción institucional, ellos seguían envejeciendo tras las rejas.
Pero la tragedia no fue solo para ellos. También fueron condenadas sus familias. Hijos que crecieron sin sus padres. Padres que murieron esperando abrazarlos libres. Esposas destruidas por la distancia, la pobreza y el desgaste emocional de luchar contra un aparato criminal decidido a quebrarlos. Les arrebataron cumpleaños, navidades, funerales, nacimientos y una vida entera. Veintitrés años es una generación completa.
Por eso esta excarcelación tiene un peso político mucho mayor que el mero traslado de tres hombres inocentes desde una prisión hasta sus hogares. El chavismo jamás mantuvo presos comunes; mantuvo rehenes políticos. Y estos eran, probablemente, los presos políticos más emblemáticos y antiguos de toda esta barbarie.
Que hoy estén fuera de prisión, aunque todavía no plenamente libres, es un síntoma real del momento que atraviesa Venezuela. El plan de “tres fases” llevaba semanas estancado. Pero en los últimos días, al parecer, algo se destrabó. Y estas ventanas hay que aprovecharlas.
Porque si incluso el chavismo terminó cediendo con quienes durante años fueron utilizados como trofeo político y símbolo de escarmiento, entonces queda claro que hay movimientos internos, presiones y fisuras que hace apenas meses parecían imposibles.
Pero nadie debería confundirse. Esto no es justicia todavía. La justicia llegará cuando sean plenamente libres, cuando sus derechos sean restituidos y cuando exista responsabilidad sobre quienes destruyeron sus vidas deliberadamente. Y, sobre todo, cuando no quede un solo preso político en Venezuela.
Hoy todavía hay más de 500 presos políticos secuestrados por esta tiranía. Más de 500 personas sometidas a desapariciones forzadas, aislamiento, torturas, tratos crueles y procesos completamente fraudulentos. Todos deben ser liberados. Y todos los centros de tortura de esta barbarie deben ser cerrados.
Eso es lo primero. Lo urgente. Lo innegociable.