“Estamos destinados a desaparecer”, el temor de los productores de arroz ante importaciones desmedidas

En plena cosecha, las importaciones masivas, impulsadas desde el gobierno, están dejando sin mercado a los productores nacionales. En los estados Guárico y Portuguesa, miles de kilos de arroz podrían perderse al no haber comprador, mientras tanto, las arroceras alegan tener los silos llenos de grano extranjero.

“Estamos destinados a desaparecer”. Es lo que últimamente presiente Pablo, un productor de arroz de Calabozo, estado Guárico, (que pide resguardar su identidad bajo un nombre ficticio por miedo a represalias). Su angustia nace del aumento exacerbado de importaciones de arroz por parte del Gobierno Nacional, una realidad que asfixia cada vez más al campo venezolano.

Abril y Mayo es temporada de cosecha de arroz en Venezuela. Ahora mismo, los cultivos acumulan más de 200 millones de kilos de arroz que no hay a quien vender porque desde la agroindustria alegan tener los silos “full” de grano importado, que mayormente proviene de Brasil y Guyana, según comentan productores afectados.

Entonces, ya no se trata solo de que las agroindustrias ofrezcan precios bajos y poco competitivos, sino que ni siquiera tienen capacidad de recepción de la materia prima por parte de las arroceras.

Mientras tanto el gobierno

Como una paradoja, durante abril, Diosdado Cabello, vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, sostuvo un encuentro con productores guariqueños. Allí abogó por precios más justos y competitivos y aprovechó de enaltecer la importancia de la producción nacional.

Además, en paralelo, el gobierno impulsa un plan de producción comunal de arroz, con una modesta cosecha de 21 millones de kilos. Al respecto, la opinión de Pablo, es que se trata de pura “propaganda política”, y que solo financian a “un pequeño grupo de adeptos”.

“No hay empresa que nos quiera recibir. Señora presidenta (E) Delcy Rodríguez, le pedimos que se ponga la mano en el corazón con los productores de arroz”, fue el clamor de Ángel Partida, productor de arroz, durante una marcha del gremio, que llegó a la sede del Ministerio de Agricultura en Calabozo, a principios de mayo.

Los estados Guárico y Portuguesa concentran la mayor producción de arroz del país. De acuerdo con expertos del sector, ambas regiones tienen capacidad la totalidad de la demanda nacional. Sin embargo, sostienen que para alcanzar ese objetivo hace falta mayor voluntad política y un compromiso más firme por parte de la agroindustria.

Problema de larga data

“Desde hace 10 años enfrentamos esta problemática con el arroz que importa el gobierno, pero este año fue desproporcionado, nos dejaron sin capacidad de recepción a la siembra nacional”, cuenta Pablo.

Según la información que corre entre los agricultores, la importación reciente fue de ocho buques, cada uno con capacidad de entre 10 y 30 millones de kilos de arroz paddy (recién cosechado). Miembros del sector calculan que el incremento de importación fue de 43 % en comparación con años anteriores.

Para Pablo, esta situación refleja una forma de “discriminación” del Estado hacía los productores nacionales. A su juicio, detrás del incremento de las importaciones, existen intereses económicos ligados a las “grandes comisiones” que —asegura— obtienen quienes gestionan dichos cargamentos.

Un posible “contingencia”

La excusa habría sido la posibilidad de una “contingencia” ante los hechos del pasado 3 de enero —según comenta Pablo—. No obstante, estas importaciones masivas también están ocurriendo con otros rubros como el azúcar, las caraotas negras y el maíz blanco, entre otros.

“Yo tengo camiones de arroz dando vueltas porque no los están recibiendo en las arroceras ¿Qué hacemos? Necesitamos que el Gobierno nos ayude”, clamaba Ana Burgos, productora de arroz, durante una entrevista para un medio local a principios de mayo.

Una tradición familiar que está a punto de quebrar

Al igual que Ana, Pablo representa la tercera generación de una familia dedicada a la producción agrícola. Antes que él, su padre y su abuelo levantaron un negocio familiar que ahora abarca 120 hectáreas, una extensión que lo ubica como un productor de mediana capacidad. Sin embargo, en el actual contexto nacional, mantener esa herencia implica altos costos y poca ganancia.

“Si las políticas del gobierno siguen así, no habrá negocio familiar para las próximas generaciones”, presiente Pablo.

Para la siembra, cada hectárea (que equivale a 5000 kilos de arroz) requiere una inversión de al menos 2500 dólares, y así como hay pequeños productores, con 15 o 20 hectáreas, hay otros por encima de Pablo con 1000 o 2000 parcelas, pero todos en la misma situación de incertidumbre.

Pero no se trata solo de dinero. Detrás de cada cosecha hay un proceso que requiere meses de esfuerzo y planificación. Todo comienza con la preparación de la tierra mediante la maquinaria, luego se realiza la siembra de las semillas y, tras ese paso, el cultivo necesita alrededor de 120 días para desarrollarse por completo. Solo entonces llega el fruto de lo trabajado.

“Estamos hablando de aproximadamente 30.000 personas que dependen de la siembra de arroz”, dice Pablo.

Sin financiamiento y sin combustible

Los productores sitúan el inicio de la competencia desleal con las importaciones en 2016, durante la crisis de escasez de alimentos en el país, y, además, señalan que coincidió con la llegada de Wilmar Castro Soteldo, exmilitar de la Aviación cercano a Hugo Chávez, al Ministerio de Agricultura y Tierras ese mismo año.

Ahora el nuevo ministro de Agricultura es otro militar: Vladimir Padrino López, quien salió del Ministerio de Defensa a principios de año, tras la captura de Maduro por parte de Estados Unidos.

Pero los problemas no terminan allí. Los productores venezolanos arrastran otras dificultades estructurales de larga data, como lo son la falta de financiamiento agrícola dentro de la banca nacional, y que podría servirles para invertir en tecnología, insumos agrícolas y ampliar la mano de obra.

Además, está la escasez de combustibles, un recurso indispensable para el sector, ya que sin gasolina ni diésel, resulta imposible movilizar la maquinaria necesaria para la siembra y cosecha, así cómo para el traslado del arroz.

“Por eso tenemos que recurrir al contrabando”, alega Pablo, lo que se traduce en mayores costos de producción.

Los riesgos que genera la importación masiva

Importar masivamente y sin controles sanitarios aumenta las posibilidades de introducción o dispersión de plagas o enfermedades vegetales.

A través de redes sociales, productor y dirigente del sector, Roberto Latini, advierte que la falta de controles sobre los productos importados deja a Venezuela en extrema vulnerabilidad sanitaria. Como ejemplo, menciona el virus que recientemente fue encontrado en cultivos de arroz en Argentina, que hasta ese momento solo se conocía en Japón.

“Pronto tendremos un problema, es cuestión de tiempo si no se actúa”, dijo Latini.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.