
La reaparición de Dinorah
La reaparición de Dinorah Figuera sirve de punto de partida para una reflexión sobre las transiciones políticas y el peso de la legitimidad institucional.
Probablemente pocos tuvieran recuerdo de la actividad pública de Dinorah Figuera debido a su alejamiento de la política más activa y visible de los últimos años, pero ahora reaparece en el centro de la escena. No es cosa extraña en períodos de transición, debido a que en su seno parece habitual que se muevan figuras que parecían arrinconadas, o que estaban olvidadas mientras otras figuraban en el centro de la escena: es justo en su interior donde la corriente puede ofrecernos sorpresas. En este caso seguramente una novedad auspiciosa, según se tratará de afirmar aquí.
Dentro de lo positivo conviene destacar la valoración de la obra de las fuerzas opositoras en el pasado reciente, no en balde el retorno de la dirigente remite a las lides exitosas que la sociedad realizó para la afirmación de los usos republicanos en tiempos de terrible mengua. La derrota del chavismo en la elección parlamentaria de 2005 fue un testimonio del empeño de un amplio y heterogéneo conjunto de políticos por el mantenimiento de la democracia representativa que el régimen quería ahogar a toda costa, y la reaparición de quien fuera su cabeza debido a la decisión de los votantes sugiere una alternativa de rescate de lo hecho por la soberanía popular y la posibilidad de su renacimiento. Por lo menos nos indica cómo la historia no sucede en vano, o que puede pasar factura cuando menos se espera.
Ahora la situación traspasa los linderos nacionales, debido a que la vuelta de la diputada Figuera dependió de una decisión del gobierno estadounidense. No porque le interesara el rescate de la soberanía popular, ni el restablecimiento de la democracia, sino la salvaguarda de los intereses de sus inversionistas. Necesitaban en Washington un aval que no daba la actual AN para que el dólar estuviera y siguiera blindado, una institución susceptible de respeto que se convirtiera en fiador indiscutible ante los entuertos que pudiera deparar el futuro. Tal posibilidad no la ofrecía ni remotamente, según el Departamento de Estado, el conjunto de representantes que hoy ocupan las curules del parlamento fraudulento y abrumadoramente tendencioso que maneja Jorge Rodríguez. De allí la mirada puesta en la encarnación más reciente y probada de legitimidad, a través del retorno de quien fue su presidenta y, en breve, de los diputados que la acompañaron en funciones directivas. En suma, que la AN de 2005 respalde las inversiones de mis amigos magnates porque a la de la actualidad no la pongo ni a cuidar los palos de golf, resolvió Donald en un rapto de sensatez.
Se puede argumentar que estamos ante una interpretación escrita en líneas torcidas, debido a que en principio depende del interés foráneo. Es cierto, pero el gobierno interino no solo depende de ese interés, sino que también congenia con el a través de repetidas muestras de entusiasmo y de mil evidencias de sumisión. Así las cosas, si ahora Tiberio privilegia a una institución parlamentaria del pasado reciente en detrimento del mamotreto esperpéntico que hoy reina en el Capitolio, quizá le haga más bien que mal a la posibilidad de que la dictadura por fin desaparezca de la faz de Venezuela. ¿Con qué cara se oponen la empleada y su hermano a esa conducta inesperada del patrón? Y, por supuesto, ¿no es agua bendita para la oposición que pretende restaurar la democracia?
En consecuencia, puede que nos venga de perlas, con todos sus bemoles, el regreso de Dinorah Figueras a su casa y a la casa de todos. Porque, para completar, el asunto no se debe limitar necesariamente a la legitimidad de la AN, sino también a otros poderes públicos que se deben legitimar porque están podridos.