
La misteriosa estabilización
¿Qué significa realmente “estabilización” en Venezuela? Más allá de reformas, liberaciones o movimientos diplomáticos, el artículo explora el factor que podría definir la transición: el control de la violencia y de los grupos armados. Una lectura que replantea el debate y redefine el concepto más repetido del momento.
Con seguridad, es una de las palabras más pronunciadas en Venezuela durante los últimos tres meses: estabilización. Como se sabe, es el nombre de la primera de las tres fases que el gobierno estadounidense ha diseñado para llegar a una democracia estable y legítima en Venezuela.
Lo malo es que no está claro qué quiere decir en concreto la repetida palabra. Son tantas las posibilidades: que se liberen los presos políticos, que se detengan la inflación y la devaluación, que se mejoren los ingresos de los sectores medios y populares, que se elijan de la forma correcta los poderes del Estado… todas las anteriores, las que se quiera añadir o cualquier combinación de ellas.
De hecho, los venezolanos recibimos diariamente informaciones que pareciera que tienen que ver con la estabilización: una remoción un día, unos barriles de petróleo vendidos otro, unas relaciones diplomáticas restablecidas al siguiente; unos presos liberados por cuotas, una reforma de una ley económica, la eliminación de variados organismos vinculados a las redes maduristas de activismo y control. Algunas de estas medidas tienen su propia significación positiva. Pero la estabilización como tal no aparece y, me luce, que hasta que no se entre en el terreno que a continuación abordo, sigue siendo una suerte de horizonte que, como todo horizonte, se aleja a medida que uno cree que se le acerca.
Dejé de lado, en la anterior enumeración ilustrativa, el elemento que, en mi opinión, da significado operativo y medible a la palabra que nos ocupa: estabilización. Cuando, luego del 3 de enero, se habló de que en Venezuela la llegada de la democracia debía estar precedida de una etapa de estabilización, se usó una expresión que nos pone en la pista del significado concreto al que estoy apuntando. La expresión era “el caos”. Sin una etapa previa de “estabilización”, se dijo, la salida de Maduro podía significar el caos.
Cada cual se imaginó el significado del vocablo “caos” como quiso, y en Estados Unidos privaron la imagen haitiana y la imagen iraquí. Por mi parte, para mí, caos era el desencadenamiento de una violencia sin control, no por parte de la población, sino por parte de los cuerpos armados e implacables con que contaba el régimen cuando Maduro estaba en el poder y con los que, hasta nuevo aviso, se supone que sigue contando el llamado interinato. (Lo digo con esta cautela —“se supone”, “hasta nuevo aviso”— y lo subrayo, porque no está nada claro que esos grupos estén bajo control real del interinato y que no sean, a estas alturas, un cuerpo armado con vida propia, que responde a un liderazgo paralelo y que podría hasta volverse contra las autoridades provisionales).
Así llegamos al significado que andamos buscando, el de la palabra estabilización. El significado concreto y operativo de la palabra estabilización es, a mi juicio, el debilitamiento y, en último término, la eliminación de la amenaza real de violencia por parte de los grupos armados con que pueda contar el gobierno o, más exactamente, los círculos de poder que en la práctica los comanden. Cuando estos grupos sean en verdad controlados y, con ellos, lo sea la amenaza de violencia que representan, se habrá alcanzado, en términos reales, la ansiada, renombrada y misteriosa estabilización.
Por el contrario, mientras esos grupos puedan actuar a su arbitrio, no hay estabilización que valga. Me parece claro que ninguno de los otros significados —económicos, políticos, institucionales— que uno puede querer asignar a la palabra estabilización son viables mientras no sea una realidad lo indicado en este párrafo: el control de la violencia discrecional.
Lo más interesante es que, probablemente, el control y desmontaje de esa amenaza de violencia sea, a estas alturas, una alta prioridad para la propia estabilidad del interinato y, posiblemente, las autoridades provisionales lo sepan.