
Boceto de la audiencia de status Maduro-Flores, de la ilustradora Jane Rosenberg, dibujante de corte.
Audiencia de status Maduro-Flores: “Es un caso único”
No hubo decisiones. La Fiscalía rechazó el uso de fondos venezolanos, la defensa insistió en su derecho a elegir representación privada y el juez pidió revisar la propuesta sobre el manejo de pruebas.
Después de 80 días sin salir del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nicolás Maduro y Cilia Flores salieron a la Corte de Distrito para el Sur de Nueva York, ubicada en Manhattan. Fueron resguardados a lo largo de los 8,60 kilómetros de recorrido entre la cárcel y la corte para asistir a su segunda audiencia, la primera de estatus. Ninguno de los dos tenía la obligación de presentarse, pero sí el derecho.
Periodistas, abogados y público también entraron a la sala 26B del Tribunal Federal “Daniel Patrick Moynihan”. Un alguacil les ordenó silencio y permanecer sentados. Al abogado y activista venezolano Pedro Rojas lo condujeron a la sala con monitor para seguir la audiencia. El sistema estadounidense no olvida y los venezolanos tampoco: Pedro fue quien le gritó al dictador al culminar la audiencia de presentación: “¡Eres un criminal y vas a pagar…!”.

La ilustradora mítica Jane Rosenberg estuvo otra vez como dibujante de corte en esa sala del piso 26. Tiene 76 años, un sitial asignado e ilustraciones inolvidables como las de las audiencias de Epstein y Maxwell. Como es su costumbre, llevó sus binoculares. También estaba la dibujante Elizabeth Williams, cuyos bocetos se caracterizan por mostrar detalles de los detenidos.
Con casi 40 minutos de retraso comenzó la audiencia. Mientras tanto, el presidente Donald Trump comentaba sobre Maduro en la reunión de gabinete: “Se le dará un juicio justo, pero me imagino que habrá más juicios. En realidad, lo han demandado por solo una fracción de lo que ha hecho”.
La entrada de los imputados
Primero entró Cilia, sin las curitas en la frente e igual de delgada, con pasos cortos, a su ritmo y con franela gris de manga larga debajo de su uniforme caqui. Sonriente, tranquila. Se escuchó un murmullo que quizás contenía lo mismo que dijo un manifestante venezolano horas antes: “No saben lo que ha sufrido mi país”. Cilia saludó a su abogado Mark Donnelly.

Maduro también entró sonriente, aunque menos que Cilia, con el bigote más corto, más delgado y más canoso. No ha perdido 13 kilos ni está “fuerte” ni “atlético”, pero ahora sí se le ve el cuello. Debajo de su uniforme caqui tenía franela anaranjada. Miró a los asistentes. Dijo: “Good morning”. Dio la mano a su abogado Barry Pollack y le dijo: “Estás muy elegante”.
Maduro y Cilia se sentaron en los extremos de la mesa rectangular frente al estrado del juez Alvin Hellerstein, el mismo del caso de Hugo “El Pollo” Carvajal. La expareja presidencial estuvo frente al escudo y dos banderas de Estados Unidos a las cuales se les jura libertad y justicia para todos.
Primera moción: el pago de la defensa
En los casi 70 minutos de audiencia se debatió de dónde saldrían los fondos para el pago de los equipos de defensa de Maduro y Flores.
Para Pollack, 40 millones de dólares deben salir de los fondos del Estado venezolano, porque Maduro es el presidente, porque no tiene derecho a usar sus fondos personales por bloqueos de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y porque Maduro no puede tener defensa pública dada la alta complejidad del caso.
El abogado también precisó que una defensa pública se reserva a ciudadanos que hayan tributado en EE. UU. y que no tengan fondos para pagar sus defensas. El sustento del argumento de Pollack es que Maduro tiene el derecho fundamental que da la Sexta Enmienda de la Constitución estadounidense para elegir su defensa.
Por su parte, la Fiscalía, representada por Kaylan Lasky, argumentó que EE. UU. impide el uso de fondos venezolanos porque esto atenta contra la seguridad nacional y los intereses de la política exterior. Lasky precisó que el gobierno no ha retirado las sanciones y recordó que el régimen de Maduro es ilegal.

Entre tanto, Maduro se puso los lentes y revisó documentos. Le faltó el habano. Hizo anotaciones. Se quitó los lentes y los puso en la mesa. Lo hizo varias veces. Estiró brazos y piernas, también varias veces. Taconeó los pies demasiadas veces. Tomó agua, varios sorbos, casi acabó su botella, y eso que no gritó que se llevaran al fiscal a Tocorón. Cilia estuvo con los brazos cruzados y con la calma que da la resignación.
No hubo decisión en esta moción. Lasky no logró explicar cómo liberar fondos para el pago de la defensa es un riesgo para la seguridad nacional. Pollack no logró convencer por qué Maduro y Cilia deben tener defensa privada más allá de la alta complejidad del caso.
Segunda moción: compartir las evidencias
Tampoco hubo decisión sobre el manejo de las evidencias que ya entregó la Fiscalía a las defensas de Maduro y Flores. La Fiscalía pidió que estas sean revisadas solo por los abogados y por los imputados delante de los abogados; es decir, que no sean compartidas con los coacusados y prófugos Diosdado Cabello, Ramón Rodríguez Chacín, Nicolás “Nicolasito” Maduro Guerra y Héctor “El Niño” Guerrero.
Pero las defensas argumentan que requieren contactar con los coacusados.
El juez pidió revisar la redacción de la propuesta de la Fiscalía para tomar su decisión.
Tercera moción: atención médica para Cilia

Hellerstein se comprometió a emitir una orden “lo más rápido posible” para autorizar que Flores reciba chequeo médico, especialmente un electrocardiograma, por prolapso de la válvula mitral. También le ordenó a Donnelly que no la llamara “primera dama”, pues los acusados pierden el uso oficial de sus títulos y cargos durante las audiencias.
En Nueva York y en Caracas
Afuera del edificio, y a no más de 11 °C, estuvieron los manifestantes: venezolanos que cantaron el himno nacional y activistas extranjeros del régimen venezolano que gritaron sus consignas en inglés. Un muñeco de Maduro con braga anaranjada y ojos endemoniados, hecho por el ilustrador venezolano Jorge “El Niño” Torrealba, decoró la acera neoyorquina.

En Venezuela, los asistentes a la plaza Bolívar del centro de Caracas esperaron la transmisión en las pantallas instaladas. Los que quieren a Maduro y a Cilia de vuelta se alistaron para esperarlos en el aeropuerto de Maiquetía. Ni hubo transmisión ni libertad para los imputados.
Maduro se despidió de Pollack diciéndole al oído: “Nos vemos mañana” y saludó a Donnelly. Cilia se despidió de su abogado con un beso en el cachete. A Pollack le dio la mano. Y salieron sin saber la fecha de la próxima audiencia.