
Objetivos
Diego Bautista Urbaneja analiza los objetivos del gobierno estadounidense, las fuerzas democráticas venezolanas y las autoridades interinas. Concluye que la coincidencia real está entre democracia, estabilidad e inversión, y que solo un gobierno legítimo puede ofrecer una solución duradera para Venezuela.
Para traer claridad al escenario de la política que estamos experimentando, puede ser útil distinguir los tres actores claves de la escena y examinar sus objetivos, a ver cómo cuadran unos con otros. Los actores son, a estos efectos, el gobierno norteamericano, las fuerzas democráticas venezolanas y las autoridades interinas.
El primer actor tiene, nos parece, un objetivo mayor y un objetivo menor. El objetivo mayor responde a la estrategia global de esa potencia, cual es la de lograr que el hemisferio occidental juegue un papel favorable a los intereses norteamericanos en el tablero geopolítico mundial. En el caso venezolano, ese objetivo mayor se traduce en lograr que en Venezuela se establezca un gobierno legítimo y estable, que sea amigo genuino de los Estados Unidos y que lo sea sin necesidad de forzamientos ni disimulos. El objetivo menor, que en realidad es un aspecto del mayor, es el que más se subraya y que muchos creen el principal: la disponibilidad de los recursos petroleros del país.
Las declaraciones del presidente Trump llevan a muchos a pensar que el objetivo dominante de su gobierno es el que aquí hemos denominado menor. Creo que el objetivo del gobierno estadounidense hay que derivarlo del conjunto de posturas de esa administración y no solo de las que aparenta tomar el presidente Trump. Para mí está claro que las posturas presidenciales forman parte de un conjunto donde cada quien juega su papel. Los elogios a las autoridades interinas son área reservada al presidente, y allí se desempeña con la imprevisibilidad y el desmaño que le son característicos, en definitiva, pienso yo, para que nadie sepa a qué atenerse, cosa que, como bien se sabe, es en ocasiones un valioso recurso político. Trump dice lo suyo, y los demás moldean, redondean, completan, atan cabos sueltos.
Por cierto, y valga el párrafo, se ha hablado de un corolario Trump a la doctrina Monroe, llamado la doctrina Donroe. La doctrina Monroe ha experimentado una serie de transformaciones, llamadas en general corolarios, de las cuales la doctrina Donroe sería la más reciente. No tiende uno a asociar las inclinaciones a entender todo en términos de negocio que se atribuyen a Trump con la idea de una doctrina. Pero aun así, se me ocurre que tiene ese gobernante una oportunidad de pasar a la historia con una bonita doctrina que se llamaría la Doctrina Trump: Las Américas para la democracia. Muchos dudarán que al personaje le atraiga la idea, pues dicen por ahí que en realidad la democracia como tal no le interesa tanto así.
En cuanto a las fuerzas democráticas venezolanas, el objetivo es casi que uno solo: llegar a un gobierno democráticamente electo, mediante elecciones que lleven al poder a la persona por la que el país quiere verse conducido. Es clara la compatibilidad entre este objetivo y los dos propósitos que hemos atribuido al gobierno del Norte. Un gobierno democráticamente electo en Venezuela con seguridad sería un gobierno amigo de los Estados Unidos y con seguridad crearía un sincero clima de negocios e inversiones favorables a la más racional explotación del petróleo venezolano. Para nada de esto las fuerzas democráticas tienen que disimular ni hacer obligadas cosa alguna. Son genuinamente promecado, occidentalistas y conscientes de que la referencia privilegiada de nuestra conducta internacional han de ser los Estados Unidos. De una, y sin tener que renunciar al así llamado “legado” de nadie.
También las autoridades interinas tienen un objetivo dominante: alargar su permanencia en el poder. La compatibilidad de este objetivo con los del gobierno norteamericano sí que es problemática. No hay manera de que ningún gobierno norteamericano pueda llegar a considerar un gobierno en manos de las actuales autoridades un gobierno en verdad amigo, un gobierno con el que puede contar. El interinato hace denodados esfuerzos para que su objetivo y los del gobierno estadounidense coincidan, o mejor dicho, por lograr que ese gobierno piense que coinciden. Allí, por cierto, sí hay una coincidencia momentánea entre los intereses estadounidenses y los del interinato: al gobierno del Norte le conviene que las autoridades provisionales se empeñen en tales esfuerzos todo el tiempo que estén allí.
Por otra parte, mientras las autoridades interinas tengan que contar, como garantía de su “estabilidad” y de su capacidad de evitar el temido caos, con la disponibilidad y el control de fuerzas represivas, tal estabilidad y capacidad son solo válidas para el muy corto plazo, que es hoy por hoy el vigente. Para más allá, todos recuerdan la famosa frase de Napoleón: las bayonetas sirven para todo menos para sentarse en ellas.
De modo pues, como diría un caraqueño de los de antes, que los objetivos reales, prácticos, mayores y menores del país del Norte y los objetivos de las fuerzas democráticas venezolanas son plenamente coincidentes, y no nos dejemos enredar por los acostumbrados desplantes del hombre de Mar-a-Lago, a quien, de paso, ojalá lo de la Doctrina Trump no le suene mal.