¿Será qué ahora sí?

A las puertas de una nueva edición, vuelve la misma esperanza… y la misma pregunta: ¿será esta vez diferente o volveremos a sufrir otro corazón roto?

En marzo se jugará la sexta edición del Clásico Mundial de Béisbol y Venezuela nuevamente dirá presente. El conjunto nacional siempre llega con altas expectativas y termina fracasando estrepitosamente. ¿Esta vez será diferente? (Antetitulo)

Venezuela es un país de béisbol, ese es nuestro deporte nacional. Las familias se reúnen a ver un Caracas-Magallanes. La mayoría de los niños sueñan con llegar a las Grandes Ligas y nuestra cantidad de jugadores destacándose en el mejor béisbol el mundo, nos hacen ser una potencia en el juego. Esto podemos afirmarlo como una verdad, ¿cierto?

Entonces, ¿por qué hemos sufrido tanto cuando hemos participado en el Clásico Mundial de Béisbol? ¿Por qué siempre en el papel llegamos como uno de los equipos favoritos, para terminar saliendo por la puerta de atrás? Eso es algo incomprensible para mí.

Repasemos un poco nuestra historia en esta competición.

El primer clásico se jugó en el año 2006 y ya todos nos sentíamos ganadores, sin siquiera haber empezado el torneo. El equipo era un tremendo trabuco. Puros peloteros consagrados en las Grandes Ligas y muchos de ellos estrellas en sus equipos. ¿Entonces qué paso?

Ese año solo alcanzamos la segunda ronda y República Dominicana nos tuvo de hijos. Muchos achacaron el fracaso al manager, Luis Sojo, un hombre con mucha experiencia como jugador, pero poca (o casi ninguna) experiencia como manager. También hubo muchos rumores de fiestas, alcohol y desorden que en teoría afectaron el juego del equipo y su rendimiento.

Sea como sea, un roster con jugadores como Bob Abreu, Miguel Cabrera, Magglio Ordoñez, Johan Santana, Francisco “El Kid” Rodríguez, Omar Vizquel (ahora caído en desgracia), entre muchos otros, apuntaba a mucho más, pero la realidad fue otra.

En el 2009 volvimos al ruedo, y con el mismo manager, aunque en esa ocasión Sojo estaba mucho mejor preparado. El equipo llegó fuerte a las semifinales y tuvimos a Estados Unidos de hijos. Contábamos con puros “cuarto bates”: Carlos Guillén, Melvin Mora, Marco Scutaro, Félix Hernández y repetían, Bob Abreu, Miguel Cabrera, Magglio Ordoñez. Era un equipo ilusionante, pero Corea del Sur nos bajó de la nube y nos mandó pa’ la casa.

En la edición del 2013, nuevamente con Sojo en los mandos, bajamos el nivel terriblemente. Fuimos eliminados en primera ronda y nuestra nómina de jugadores de Grandes Ligas no pudo hacer nada.

En la edición del 2017, la responsabilidad de liderar el equipo cayó en Omar Vizquel (aún menos experimentado que Sojo) y volvimos a dar pena. Quedamos completamente humillados.

Ya para este momento la selección de béisbol me estaba rompiendo el corazón de la misma manera como lo hacía la selección de fútbol: sin piedad alguna.

Llegamos a la edición del 2023 y aquí por fin contábamos con un manager experimentado en el béisbol del caribe, como Omar López. Esta vez íbamos volando. Este era nuestro año. Le ganamos a los dominicanos, al fin. Íbamos invictos, el quipo con Salvador Pérez, José Altuve y Ronald Acuña Jr. a la cabeza, jugaba de maravilla, pero en los cuartos de final nos tocó Estados Unidos y la misma historia de siempre: pa’ la casa eliminados. Nuevamente el corazón roto y las ilusiones de ser campeones se esfumaron.

El deporte siempre te da revancha y esperamos que sea este año. Al equipo le faltan un par de jugadores importantes, a quienes los seguros de sus equipos en la gran carpa no los dejaron participar. Cosa extraña porque si un seguro iba a impedirle a un pelotero participar, tenía que ser a Ronald Acuña, porque ha tenido dos lesiones de gravedad. Pero no, a él sí le permitieron jugar.

Espero que ahora sí se nos de. Ya basta de tener el corazón roto. 

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.