
Estabilización, institucionalización y democratización.
La reconstrucción del país exige estabilización y democratización simultáneas, así como una transición desde la política de confrontación hacia una competencia electoral con reglas claras. Solo así Venezuela podrá recuperar bienestar, inversión y futuro.
Muchos creen erróneamente que la democracia es un lujo que se alcanza gracias a tener un gran desarrollo económico y bienestar social, cuando en el grueso de los casos (con sus contadas excepciones) es al revés. Una de las razones de eso es porque para tener una economía próspera, en casi todos los casos se necesita de altos niveles de institucionalidad tanto en lo político como en lo económico, y una democracia SOLIDA necesita igualmente de esos dos requisitos para existir. Por lo tanto, en el camino de construir una democracia fuerte, se crean a su vez las condiciones más idóneas para el desarrollo económico.
Lamentablemente la democracia venezolana, tropezando con el rentismo petrolero, generó una decadencia prolongada de su institucionalidad política y económica a mitad de los años 70, luego de la nacionalización del petróleo. La industria petrolera venezolana al haberse reservado su explotación EXCLUSIVAMENTE para el Estado (no usando por lo menos un modelo más mixto como el de otros países como Noruega), creó una institucionalidad económica extractiva (Estructuras que concentran la riqueza y el poder en una pequeña élite, diseñando reglas que despojan a la mayoría para beneficio de unos pocos, lo que obstaculiza el desarrollo a largo plazo), que lentamente empezó medrar nuestra democracia, dejando progresivamente de ser inclusiva a ser extractiva (con estructuras que concentran el poder y la toma de decisiones en una élite reducida, limitando la participación ciudadana y perpetuando la desigualdad. Diseñadas para extraer recursos del resto de la sociedad en beneficio de pocos), y eso preparó el camino para su muerte en 1999.

Fuente: https://v-dem.net/data_analysis/CountryGraph/
Es muy fácil soltarse en bucle al menos 10 casos de dictaduras que fueron exitosas en lo económico y social en contraste a las miles que generalmente no sólo no crean prosperidad, sino que empobrecen a su nación. Eso es debido a que una dictadura, para sostenerse, el patrimonio público en vez de dedicarse a los servicios públicos, es necesario dedicarlo a beneficiar de manera privada (corrupción) a los miembros de la coalición que mantiene a la élite autocrática mantenerse en el poder (militares, agentes de inteligencia, burócratas, etc.).
Muy rara vez se ven dictaduras que gasten cantidades significativas de recursos del patrimonio público en el bienestar de su población, porque tienen el imperativo de satisfacer al pequeño grupo que lo sostiene de la forma más eficiente posible. Eso mata el mito de que las dictaduras pueden generar bienestar en las personas que gobiernan, aunque sí puedan alcanzar altos niveles de crecimiento del PIB en sus economías que no necesariamente se traducen en bienestar para sus ciudadanos. Las dictaduras se caracterizan por gobernar naciones más pobres que las democráticas. En resumen, al no necesitarse el apoyo de un electorado para mantenerse en el poder y más de grupos particulares, el autócrata invierte poco en la nación y mucho en financiar sus apoyos privados
Para atraer inversión extranjera a Venezuela, como muchos piden para reactivar la actividad petrolera, se necesita instituciones políticas y económicas robustas y Estado de Derecho fuerte. De los 20 en el ranking de institucionalidad económica, 19 son democracias, y en Estado de Derecho, los 20 primero son democracias (En caso de que me digan que Singapur no es una democracia, The Economist la califica como democracia débil, y Hong Kong hasta hace unos años, con el modelo dual dentro de China, era plenamente una democracia hasta que China hace unos años la intervino).

Fuente: https://relial.org/indices/

Fuente: https://worldjusticeproject.org/rule-of-law-index/global
La estabilización de Venezuela obliga tanto a crear instituciones políticas inclusivas (estructuras gubernamentales y sociales que distribuyen el poder de manera pluralista, garantizando la participación ciudadana, la igualdad de oportunidades y la rendición de cuentas), como instituciones económicas inclusivas (estructuras políticas y económicas que fomentan la participación de la mayoría de la población en la actividad económica, garantizando el derecho a la propiedad privada, el estado de derecho, la igualdad de oportunidades, la educación, y la libre entrada al mercado) que estabilizan un país en caos. A su vez esas instituciones políticas y económicas necesitan de un Estado de Derecho que los sostengan, que tiene como rasgos definitorios:
1.Principio de legalidad: Todas las acciones del gobierno y de los ciudadanos están sujetas a normas preestablecidas.
2. Separación de Poderes: El poder político residen en 3 poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que deben estar claramente separados para evitar abusos y generar contrapesos.
3. Garantía de los Derechos Fundamentales: Reconocimiento, respeto y garantía de los derechos humanos y libertades civiles.
4. Igualdad ante la Ley: Ninguna persona, incluyendo gobernantes, está por encima de la norma jurídica.
5. Independencia Judicial y Seguridad Jurídica: Tribunales imparciales y un sistema judicial sólido para dirimir controversias y garantizar la protección de los ciudadanos.
6. Constitución Vigente: Que la existencia de una norma suprema que organiza al Estado sea respetada de forma sagrada.
Obviamente se puede construir tanto institucionalidad económica inclusiva como Estado de Derecho sin democracia y elecciones, pero el trípode para generar tanta libertad económica como política y social de forma sostenible sólo podrá garantizarse con instituciones políticas inclusivas, es decir, democracia. La estabilización del país no excluye ni tiene que darse previamente a la transición democrática. Son dos procesos que pueden darse al mismo tiempo y tomados de la mano, generando una sinergia entre ambos que hará que la pareja sea cada vez más poderosa y sus tiempos de desarrollo más rápidos.
En el actual contexto político del país, es necesario y posible (al contrario de años anteriores) lanzar puentes entre la oposición y el actual oficialismo para acelerar tanto la estabilización como la democratización del país. Eso implicaría pasar de la lucha política existencial y violenta que ha caracterizado el país en casi 27 años, a crear una forma de hacer política pacífica y agonal que sea de competencia de actores a los que ambos se reconocen su existencia y compiten de manera igualitaria por el poder. Esto en contraste a la lucha de exterminio de quien tiene el poder contra el que no lo tiene, que ha sido el rasgo en estos 26 años en nuestro país. Un llamado a elecciones adelantadas cuanto antes, con condiciones institucionales estables podría ser el punto definitorio para que ambos bandos en conflicto en el país puedan institucionalmente tener cabida en la competencia por el poder en el país. Esto anularía junto con las reformas institucionales previas a la elección, el peligro que el bando político que obtenga el poder en elecciones dentro de un contexto democrático, usara el mismo para exterminar el adversario. Venezuela necesita llegar cuanto antes a ese escenario.