Rodríguez & Rodríguez: la sociedad que se quedó con la “Revolución”

La caída de Maduro dejó al descubierto un entramado donde los hermanos Rodríguez operan como un centro de poder que fusiona Estado, negocios, elecciones y represión.

Hasta hace apenas unas semanas, Delcy Rodríguez podía ejercer su influencia y poder dentro del gobierno sin llamar tanto la atención y contando —incluso— con la ventaja de ser un poco subestimada. De presencia menuda, de un gris disfrazado bajo colorida y costosa vestimenta, con un tono atiplado y cansino, no parecía concentrar demasiadas miradas. Los focos apuntaban a su hermano Jorge, a Diosdado Cabello y a Nicolás Maduro. Ella simplemente estaba ahí.

O eso creíamos.

Los más informados en asuntos de economía, analistas y cierto grupo de empresarios seguramente sí tenían mayor conciencia de su papel en el entramado gubernamental. Seamos honestos: a pesar de que era la vicepresidenta y de que estaban a su cargo los manejos en materia de política económica y el negocio petrolero, costaba fijar la atención en ella.

La decisión de Washington de respaldar —¿y ordenar?— su pase a la presidencia tras la ausencia muy forzosa de Maduro disparó la exposición de la vasta red de influencia que tejió y dejó en evidencia que los organismos de seguridad de Estados Unidos le siguen los pasos desde hace ya algún tiempo.

Luego de los esperados perfiles iniciales elaborados por los medios para responder la pregunta de quién es Delcy Rodríguez —incluyendo algunos sospechosamente empáticos— comenzaron a salir a la luz infidencias de los organismos de seguridad estadounidenses. Nada es casualidad. Es el recordatorio sistemático: sabemos lo que hiciste y lo que haces.

La revelación hecha por AP el 17 de enero sirve de ejemplo. La agencia de noticias publicó un texto que asegura que la DEA ha estado acumulando un voluminoso expediente sobre la conexión de la hoy presidenta encargada de Venezuela con actividades criminales.

“Tres agentes actuales y anteriores de la DEA que revisaron los registros a petición de la AP dijeron que estos indican un interés intenso en Rodríguez durante gran parte de su mandato como vicepresidenta, que comenzó en 2018”, dice la nota. Y asegura que pasó a ser un objetivo prioritario, “una designación que requiere documentación extensa para justificar recursos investigativos adicionales”, aunque —explican— no necesariamente se traduce en una acusación penal.

AP cita a Kurt Lunkenheimer, exfiscal federal en Miami con experiencia en temas venezolanos: “Estaba en ascenso, por lo que no es sorprendente que pudiera convertirse en un objetivo de alta prioridad con su rol. El problema es cuando la gente habla de ti y te conviertes en un objetivo de alta prioridad: hay una diferencia entre eso y la evidencia que respalda una acusación”.

“Uno de los registros cita a un informante confidencial no identificado que vincula a Rodríguez con hoteles en la isla de Margarita que supuestamente se utilizan como fachada para lavar dinero”, dice la agencia.

Y aporta otro filón relacionado con el empresario colombiano Álex Saab, señalado como testaferro de Maduro: “Los registros también indican que los federales estaban investigando la participación de Rodríguez en contratos gubernamentales adjudicados al aliado de Maduro, Saab, indagaciones que siguen en curso incluso después de que el entonces presidente Joe Biden lo indultara en 2023 como parte de un intercambio de prisioneros por estadounidenses encarcelados en Venezuela”.

En 2018, Delcy Rodríguez fue sancionada por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y entró en la lista de 69 venezolanos sancionados por la Unión Europea por “las persistentes acciones que socavan la democracia y el Estado de Derecho, así como las continuas violaciones de derechos humanos y la represión de la sociedad civil y la oposición democrática, también en relación con la celebración y los acontecimientos que siguieron a las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024”. También ha sido sancionada por otros países, como Colombia, Suiza y México.

Un reportaje del Miami Herald, publicado el 21 de enero de este año, la ubica dentro de la estructura criminal del régimen de Maduro. En concreto, establece que es la heredera de los manejos de Tareck El Aissami, acusado por narcotráfico en Estados Unidos y caído en desgracia en 2023, año en el que sus viejos camaradas decidieron desaparecerlo del mapa.

“En un sistema que durante mucho tiempo ha difuminado la línea entre la política y la empresa ilícita, Rodríguez asumió silenciosamente el control de las redes que antes manejaba El Aissami —redes que funcionarios estadounidenses y reportes de investigación han vinculado con corrupción avalada por el Estado, contrabando de oro y narcotráfico a través del Caribe”, dice el Miami Herald.

“Funcionarios estadounidenses creen que el narcotráfico ayudó al régimen de Caracas a compensar la caída de los ingresos petroleros causada por las sanciones estadounidenses impuestas a la estatal Petróleos de Venezuela en 2019. Operando principalmente con cocaína originaria de Colombia, el cartel exportaba un volumen de entre 350 y 500 toneladas anuales para 2024”, explica el contexto el reportaje.

Y pasa al momento actual: “En entrevistas separadas y extensas con el Herald, las fuentes confirmaron de manera independiente que uno de los engranajes más importantes de la maquinaria criminal del cartel es manejado por los hermanos Rodríguez”.

Con El Aissami fuera del juego, Maduro necesitaba a alguien que mantuviera el mecanismo en marcha. Y, según lo publicado por el Miami Herald, ese fue el momento de Delcy: “Eso incluía la supervisión de empresas estatales, sistemas financieros paralelos utilizados para evadir sanciones y lo que las agencias de inteligencia occidentales describen como ‘rutas de contrabando protegidas por el Estado’ para oro, petróleo y cocaína. En público, Rodríguez seguía siendo la diplomática pulida que condenaba la ‘guerra económica’ de Estados Unidos. En privado, consolidaba su papel como custodio de las operaciones más sensibles del régimen, responsable de sostener los flujos de efectivo que permitían la supervivencia del gobierno”.

“Desde la caída de El Aissami, evaluaciones de inteligencia extranjera revisadas por el Herald sugieren que el control operativo de las rutas de tráfico y de su arquitectura financiera se desplazó más cerca del círculo familiar de Maduro, con Delcy Rodríguez emergiendo como una coordinadora civil clave, aunque Washington no la ha acusado públicamente de participación directa en el narcotráfico”.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.