
Cortesía Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela
Campamento en Rodeo I: Las familiares de los presos políticos seguirán allí hasta que todos salgan
Lo que comenzó como una vigilia de oración se transformó en el Campamento Rodeo I. Desde el 8 de enero, decenas de familiares de presos políticos permanecen día y noche frente a la cárcel, organizándose con solidaridad, fe y resistencia.
El jueves 8 de enero, los familiares de los presos políticos llegaron a las afueras del Internado Judicial de la Región Capital Rodeo I tras el anuncio de las excarcelaciones como gesto de paz. Desde entonces, no se han movido del lugar y lo que comenzó como una vigilia de oración, ahora es el “Campamento Rodeo I” de los familiares del Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (CLIPPVE).
Para el cierre de esta nota, han pernoctado entre 40 y 120 familiares, principalmente mujeres; dos por carpa y dos por colchoneta. Madres, esposas, novias, hermanas, tías y primas tienen 16 días ininterrumpidos de permanencia, manteniendo las jornadas de oración todas las noches y en todos los credos.

El día transcurre como cuenta a Massiel Cordones, activista del CLIPPVE:
“Nos hemos sido organizando y la comunidad nos ha colaborado mucho. El señor del quiosco nos alquila el baño y nos ha preparado comida a precio solidario. Armamos grupos de limpieza, para recibir y repartir las donaciones de comida y artículos de higiene, y si toca ir a una actividad en Caracas, va un grupo y el otro se queda para mantener este espacio. Las casitas alrededor ya no ponen música alta en las noches, porque estamos durmiendo. Una vecina dijo: ´Esta gente está luchando´. En las noches, los hombres se quedan despiertos pendientes. En la semana, viene el psicólogo de una organización a darnos terapia, a conversar. Ahí vamos, aquí estaremos hasta que todos nuestros familiares salgan”.
Ellas son algunas de las mujeres del campamento Rodeo I.
Lorealbert Gutiérrez
Tiene 19 años y cinco familiares detenidos: su mamá Lorena García (34), su hermano Alberto Gutiérrez (22), su novio Manuel De La Rosa (22), su tía Jazmín Tirado (46) y su prima Suri Vásquez (22).
“A mí y a mi hermana también nos llevaron detenidas, pero nos soltaron. Como yo estaba embarazada, me soltaron como a las cinco horas y a mi hermana a los dos días, ella tiene 16 años. Cuando nos llevaron, nos dijeron que nos tenían que hacer unas preguntas. A mi hermano se lo llevó un pocote de gente vestida de negro, porque estaban buscando a un muchacho que iba a poner una bomba, pero lograron agarrar al muchacho que estaban buscando y mi familia no salió, más bien se fueron llevando a más gente todos esos días”.
Lorealbert llegó con una tía y una prima el viernes 9 de enero desde el estado Sucre. Ahora está sola en el campamento:
“Dejé a mis dos bebés con mi hermana y mi prima. Allá trabajo vendiendo tortas, quesillos y yogures, pero ahora está mi hermana haciendo todo eso, tuvo que dejar de estudiar para poder ayudarme, porque yo estoy aquí. A mi mamá se la llevaron a La Crisálida el martes 13, no sé dónde queda eso ni cómo se llega, no sé nada de ella. Quiero que esto se acabe, porque no veo lo que mis bebés están haciendo, ellos hacen una cosa diferente todos los días. Yo dejé a mi bebé chiquito y ya está gordito”.
Massiel Cordones
La mamá del teniente del Ejército José Ángel Barreno Cordones, de la causa Gedeón, llegó a Rodeo I el 8 de enero desde el estado Falcón. Ella tiene cinco años y ocho meses viajando una vez al mes para visitar y entregar la paquetería de su hijo, y retornar el mismo día.

Desde el 2025, todo le ha sido más difícil: en enero de ese año la presionaron para que cediera su cargo en la administración pública luego de pedir una fe de vida de José Ángel en noviembre de 2024, mes en el cual el CLIPPVE denunció torturas a los detenidos de Rodeo I. En abril, a Massiel la operaron de emergencia del riñón.
Pero no se irá del campamento: “Y menos ahora, cuando allá adentro saben de las excarcelaciones. Los muchachos se enteraron el viernes 9 con el primer grupo de visita y gritaron de emoción. Pero no fue fácil quedarme esta vez: tengo tres hijos y me vine por uno. Mi hija se vino y estuvo doce días, ya se fue porque tiene trabajo. La novia de mi hijo también estuvo aquí. Creí que llegaba a buscar a mi hijo de una vez. De hecho, cuando lo vi el domingo 11 y le dije que afuera había muchas mamás que teníamos tres días aquí, me dijo: ´Quédese, que nos vamos los cuatro´. Aquí me quedo”.
Melba Vásquez
Tiene 69 años y llegó a Rodeo I junto con su hija María Simons desde la península de Araya. Melba pidió vacaciones en su trabajo y María pidió permiso. Llegaron el jueves 15, porque el viernes 9 recibieron un mensaje de texto anunciando que los detenidos Merwyn Simons (hijo de Melba) y Ángela Bermúdez (hijastra de Melba) están en Rodeo I y que los pueden visitar.

“Pero resulta que a Ángela se la llevaron para La Crisálida y tenemos que esperar cuarenta y cinco días para verla —dice Melba—. Por lo menos logramos ver a mi hijo por veinticinco minutos. Yo tenía cinco meses tratando de verlo y siempre nos lo negaron aquí y en El Helicoide. Lo vi positivo, no me manifestó nada malo, pero no sé si se guarda cosas para no mortificarme. Yo pienso que esto se logró por las presiones que hemos hecho este pocote de mujeres aquí. Así que de aquí no me voy a ir, yo tengo fe en que los dos van a salir pronto”.
Betsaida Espinoza y Maryoling González
Betsaida llegó desde San Fernando de Apure el 22 de enero por su hijo Argenis José Velázquez, que fue trasladado desde Guasdualito. Por su parte, Maryoring llegó el 9 de enero desde Bogotá por su esposo Ebro Delgado, extrabajador de la refinería de Cardón de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) que detenido en julio de 2024 y sentenciado a 30 años por el delito de terrorismo.

Aunque Argenis y Ebro no están en la misma causa, Betsaida y Maryoring tienen la misma: la libertad inmediata de todos los detenidos en Rodeo I.
Betsaida vio a su hijo por primera vez el 7 de noviembre: “Estamos orando, pendientes y unidas. Vine el 11 de mayo y me negaron que él estuviera aquí y sí estaba. Me quedé dos meses para poder venir todos los fines de semana y un vecino me cuidó la casa. Ahora no estoy sola aquí, estamos juntas pasando este proceso, nos apoyamos mucho entre todas, porque entendemos la situación por la que está pasando la otra”.
Agrega Maryoling: “Cuando llegué, todas dormimos en el piso con el bolso de almohada. El segundo día, una señora nos alquiló unas colchonetas y las usamos para poner la cabeza nada más, para que todas tuviéramos un pedacito de colchoneta. El tercer día nos llegaron las carpas. Llegué como todas, muy emocionada, y también angustiada: tuve que mandar a mi hijo a casa de mi mamá; entre los pasajes y la alimentación hasta aquí, gasté parte de los ahorros, tengo que pagar el alquiler mensual y mi esposo todavía no sale… Esto ha sido muy duro: yo trabajaba en una contratista de PDVSA y cuando aprehendieron a mi esposo, me quitaron el acceso a mi trabajo, hubo mucho hostigamiento, mis hijos y yo tuvimos que irnos del país. Cuando lo sentenciaron, me desalojaron de la casa”.
Elia Correa

Tiene 66 años, la rodilla derecha rota y salió en ambulancia desde el estado Amazonas el viernes 23 de enero a las 4:00 am para ver a su hijo Alejandro Apolinar Correa por primera vez. Llegó a Rodeo I en el transcurso de la mañana del sábado:
“Ya llevo tres operaciones y no me puedo operar más, pero yo por mis hijos me muevo hasta arrastrada. Me dejaron verlo y está bien dentro de lo que cabe, porque ningún preso está bien y mi hijo convulsiona, ojalá me lo estén atendiendo. De aquí me voy directo de regreso pa’llá de donde se trajeron a mi hijo cuando lo mandaron a la policía a buscar un carro y ese carro dizque estaba lleno de armamentos, y lo dejaron preso, y le dijeron que estaba preso por terrorista, y mi hijo no es culpable de nada”.
María Fumayor y Nohiris Suárez
Régulo Morillo y Nohiris Suárez son los padres del comerciante detenido Enrique Morillo Suárez. La madrugada del viernes 9, viajaron desde el estado Zulia hasta Rodeo I. Esa misma mañana, lo hizo María Fumayor, esposa de Enrique, junto con una cuñada.

“Dejé a mi hermana encargada del negocio de mi esposo y mío, y a nuestros dos hijos, una de 13 años y otro de 5, bajo el cuidado de mis padres, que también me están ayudando con las cuestiones del hogar. Llegamos con ansias, porque dijeron que eran excarcelaciones masivas, pero no fue así. Aunque, por fin, mi esposo tuvo su primera visita después de cinco meses”.
La familia Morillo buscó a Enrique en la Dirección de Investigación Penal (DIP) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Maripérez, en los calabozos de la Zona 7 de la PNB, en la sede de Plaza Venezuela del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Hace tres meses, el tribunal le avisó a María que Enrique está en Rodeo I, pero los funcionarios de este centro siempre lo negaron.
“Total que entró mi suegra en la primera visita y consiguió a mi esposo muy alegre, porque ya sabía que estamos aquí mismo. Pero cuando entré yo, en la segunda visita, estaba muy ansioso, porque les habían dicho que ya todo el mundo se fue, entonces, allá adentro estaban confundidos. Mi esposo me preguntó cómo estamos haciendo y se sorprendió cuando le dije que hasta había carpas. Ellos están gritando “¡Libertad!” a las ocho de la noche y algunas aquí afuera han escuchado, pero ellos no nos escuchan cuando nosotras cantamos en la vigilia”.
Esta familia zuliana vive toda esta experiencia con asombro. Continúa María: “No habíamos visto cómo son las vigilias, las concentraciones y las actividades que hacen aquí en Caracas. En Zulia se sabe de esto, pero no se hace, y aquí estamos de toda Venezuela, hay todos los acentos y nos estamos apoyando, porque hay mamás que han salido con las alas rotas al enterarse de que han maltratado a sus hijos. De aquí nadie se va a ir hasta que salga su familiar”.