
Del colapso chavista a la oportunidad opositora: nueve claves para entender el nuevo tablero
La clave no está en exigir soluciones ideales, sino en leer el momento con realismo político. La liberación de presos, el cierre de centros de tortura, la reorganización del Estado y la presión constitucional siguen siendo herramientas centrales para empujar una transición posible. No perfecta. Pero real. Y democrática. 🇻🇪
Intentaré aportar un punto de vista distinto a lo ampliamente difundido frente a la incertidumbre (dudas, e incluso pesimismo) en sectores democráticos que esperan una transición rápida de la dictadura a la democracia en Venezuela y un manejo impecable de la crisis por parte de los actores vinculados.
Lo primero para decir es una obviedad necesaria: no existe un modelo de transición o una carta de buenas prácticas para el cambio de régimen. Ningún país ha repetido la experiencia de otro y cada caso tiene sus particularidades. Algunas transiciones han sido ejemplares y otras terribles. Unas con exceso de inestabilidad y otras caminaron por carriles que garantizaron certezas hasta el cambio de régimen. En todos los casos, todos, hubo aciertos y desaciertos, con rezagos y problemas que perduran en el tiempo. Así son las salidas de las dictaduras: difíciles, traumáticas, complejas, exigentes.
En el escenario que está planteado en Venezuela existen tres actores, dos que dominan la atención en este instante: el gobierno de Donald Trump, con Marco Rubio como principal traductor del plan y sus exigencias; y el gobierno “encargado” de Delcy Rodríguez que mantiene una retórica crítica en el intento de contener al chavismo (sobre todo al más radical, armado y problemático) pero que da señales formales (vía comunicados y resoluciones) en un sentido favorable hacia los planes de Estados Unidos y la moderación del régimen. Luego un tercer actor de momento no presente en la mesa pero que cuenta con el respaldo popular y la legitimidad de las urnas tras las elecciones de 2024: la oposición liderada por María Corina Machado y coordinada a través de la Plataforma Unitaria Democrática.
¿Cuáles son las oportunidades para esta oposición en el medio de todo lo que ocurre posterior al 3 de enero? De inmediato nueve ideas:
1. En Venezuela existen corrientes dentro de la oposición que criticaban la posibilidad de una intervención estadounidense. La rueda de prensa de Donald Trump al 3/1/26 a las 11:30am dejó claro que no hubo coordinación con la oposición: fue un operativo militar y de inteligencia estadounidense. Se informó que hubo contactos previos con la vicepresidenta Delcy Rodríguez lo que espabiló hipótesis de una eventual “entrega” de Maduro por parte de Rodríguez, pero nada asegura que esto haya ocurrido y que en tal caso haya sido determinante para la ejecución. Ese detalle quedará para las memorias futuras de quién decida contarlo.
2. Esto le quita el costo político a la oposición venezolana que hoy no tiene capacidad logística, operativa ni material para asumir las riendas del país. ¿Quién debe encargarse de la transición? ¿Una oposición sin control del Parlamento, de la Justicia, de los Ejecutivos territoriales relevantes o de las empresas públicas? ¿O un chavismo que aún mantiene las armas legales e ilegales coaccionado por un actor externo que la exige hacer los mandados de camino al juego democrático?
3. Los líderes esenciales de la oposición están fuera del país: María Corina Machado y Edmundo González, en primera instancia, pero también otros como Leopoldo López, Antonio Ledezma, Julio Borges, además de muchos cabecillas de partidos, movimientos, sindicatos, estudiantes y periodistas presos o exiliados. Esto da sentido a la declaración de Trump sobre la falta de apoyo interno para Machado: es real, y la oposición lo sabe.
4. Encauzar una transición tiene costos políticos enormes en un país destruido económica, social e institucionalmente, con servicios básicos colapsados y una industria petrolera devastada. Además, abundan actores irregulares: paramilitares, guerrilla colombiana, narcotráfico, crimen organizado, minería ilegal, y corrupción generalizada. Lidiar con todos estos grupos que cuentan con poder de fuego exige, al menos, una correlación que permita ordenar la mesa. Sin duda que dará lugar inevitablemente a diversos conflictos internos en el chavismo. De acuerdo con Marco Rubio, los Estados Unidos, con el fin de reorganizar el negocio petrolero en su beneficio (y también en beneficio venezolano porque recordemos que Cuba no paga y China, Rusia e Irán pagan a precios muy por debajo del mercado) prestarán el soporte logístico para normalizar las condiciones básicas. Esto, aunque no explícitamente dicho, incluye un abordaje de la seguridad interna porque no hay viabilidad económica en un país tomado por innumerables bandas criminales y de cuello blanco.
5. ¿Quién debe generar condiciones normativas mínimas para la transición? ¿La oposición sin el reconocimiento legal de los resultados electorales de 2024 asumiendo todos los costos y errores con un Consejo Nacional Electoral que sigue en manos del chavismo? ¿O el Estado, personificado en Delcy Rodríguez, posibilitando algunas circunstancias para retomar el hilo constitucional que permita reintegrar actores políticos al juego democrático? Estas preguntas encuentran a la oposición en una campaña de presión internacional por la liberación de los presos políticos y el cierre de los centros de tortura, una de sus banderas principales para garantizar, además, el retorno de numerosos dirigentes y activos políticos.
6. La oposición tiene ventaja, aunque cueste verlo hoy con la madeja de preguntas que flotan en el ambiente estimuladas por la prensa internacional y analistas de todos los pelos que critican 1) que no se haya seguido a rajatabla el derecho internacional; 2) o que no se haya extraído a toda la nomenclatura del chavismo para instalar un gobierno democrático; 3) que la oposición no dirija las negociaciones entorno al reordenamiento del negocio petrolero. Un argumento central a favor de la oposición es que las elecciones presidenciales de 2024 fueron robadas y se demostró que Edmundo González ganó. Otro: María Corina Machado no solo es la líder indiscutible, sino que ahora cuenta con el aval moral del Premio Nobel de la Paz (recibido gracias al apoyo logístico de los Estados Unidos que la ayudó a salir del país). Otro: MCM no escatima oportunidad para mostrar su pertinencia como jefa del principal sector político aliado. En cambio, el chavismo en su acostumbrada ilegalidad sembró una debilidad estructural que le puede jugar en contra en el futuro: el Tribunal Supremo de Justicia chavista validó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada apelando a una “falta temporal” del presidente, con un máximo de 90 días prorrogables por la Asamblea Nacional por 90 días más (artículo 234). Sin embargo, Maduro está fuera del país sin autorización de la AN (violando el artículo 235) y el avance del proceso judicial en su contra sugiere (como es evidente) que esta falta no será “temporal” sino que desde ya se puede catalogar como absoluta. Así, lo correcto de acuerdo con la Constitución es la convocatoria a una elección en los siguientes 30 días consecutivos (artículo 233). Por tal motivo, si el pacto pragmático (informal) para estabilizar el país de cara a la transición falla por incumplimientos del chavismo, la Constitución habilita una vía legal de presión que parece razonable no descartar en el largo plazo, aunque hoy luce poco probable porque Rodríguez se ha mostrado colaborativa con Estados Unidos.
7. Puntos económicos clave para monitorear:
- El control de la industria petrolera hoy devastada y poco competitiva frente a otros mercados más sólidos como Guyana, Colombia o Brasil plantea pensar cómo será la gestión de la expectativa versus la realidad. Altos costos de inversión y necesidad de reflotar infraestructura compleja que exige mano de obra especializada con la que el chavismo no cuenta y que demandará contratar profesionales extranjeros y/o nacionales no afines al chavismo o al menos no a la militancia política.
- Venezuela sigue siendo estratégica no solo por el petrolero: ubicación geográfica, diversos recursos minerales, mercado interno, diáspora activa, potencial para atraer inversiones y una vinculación histórica con los países del norte. Es una noticia en desarrollo seguida en todo el mundo.
8. ¿Qué esperar de la oposición? Hasta ahora lo razonable es que se mantenga la línea de María Corina Machado y la Plataforma Unitaria Democrática: cautela y centralización de la información en la recién creada Oficina de Vocería Presidencial de Edmundo González, lo que ayuda a unificar criterios y evitar malentendidos. El mejor negocio para la oposición es mantenerse cohesionada y organizada. Machado, desde el extranjero, busca coordinar el aparato opositor disponible dentro y fuera del país, y lo ha indicado en sus comunicados luego de la extracción del 3 de enero. De momento no ha informado fecha para su regreso, sin embargo, se han dado señales de un re-acoplamiento de la oposición ante la expectativa de la futura transición. De hecho, el sector opositor que está fuera de la PUD y que cuenta con una bancada minoritaria en la Asamblea Nacional liderada por Henrique Capriles y Tomás Guanipa, ha dado mensajes que sugieren una eventual (o al menos coyuntural) alineación entorno a la liberación de presos políticos y el regreso de los exiliados.
9. La salida de Maduro y la desmotivación de las fuerzas armadas que sufrieron una derrota estruendosa en un operativo que los encontró desprevenidos y con escasas posibilidades de defensa, abre una ventana para la moderación a expensas de las exigencias de Estados Unidos y de la presión internacional. La principal señal puede ir de la mano del cierre de los centro de tortura, la liberación de presos como se ha visto el 8 de enero, y la reincorporación al activismo de dirigentes amenazados por el régimen. De ocurrir esto, permitirá reflotar partidos, plataformas de comunicación y organizaciones políticas en el territorio. De lo contrario, solo hay incentivos para que la presión interna y externa se incremente.
Finalmente: hoy todo es incertidumbre y preguntas, pero el panorama luce esperanzador. Hay un actor triunfante: Donald Trump y su administración, que se enfrenta a cuestionamientos internos en los Estados Unidos pero que ha demostrado la eficiencia de su accionar militar. Y un actor perdedor: el chavismo. En el medio queda la oposición como tercer actor con mucho para ganar en la capitalización del descontento social, la liberación de los presos políticos y la articulación de una nueva movilización que subraye el respaldo ciudadano otorgado en julio de 2024 de cara al acompañamiento de un proceso de transición que garantice el reordenamiento del país y la limpieza del Estado de actores irregulares vinculados al crimen, el narco y las mafias con miras a una recuperación económica y social.