
Tres momentos clave en la historia petrolera entre Venezuela y Estados Unidos
No fue una relación idílica ni lineal, sino una negociación permanente donde el petróleo definió agendas, límites y equilibrios.
El vínculo entre ambos países supera el siglo de actividad comercial, no exento de altibajos.
Pleitos que llegaron hasta la ruptura de relaciones diplomáticas, polémicas sobre la aplicación de legislación, presiones que debió ejercer el gobierno venezolano para lograr acuerdos que consideraba convenientes, el proceso de nacionalización de la industria frente al contexto internacional y más recientemente, en el siglo XXI, la serie de expropiaciones a empresas privadas estadounidenses, el denominado “bloqueo total y completo” de buques petroleros “sancionados”. Además del último hito histórico, el ataque de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro.

De quién es la concesión
El enfrentamiento judicial de la New York and Bermudez Company por mantener la explotación del lago de asfalto de Guanoco, depósito natural de esta sustancia ubicado en el estado Bermúdez (actual estado Sucre, al noreste de Venezuela) acaparó la atención de la opinión pública y fue parte de varios reclamos de empresas norteamericanas que escalaron hasta la ruptura de relaciones diplomáticas.

Corren los años del presidente Cipriano Castro (1899-1908), quien apenas hacía poco tiempo había enfrentado el bloqueo de los puertos venezolanos por parte de Alemania, Inglaterra e Italia. Las potencias extranjeras reclamaban pagos de deudas del actual gobierno y de anteriores. Los acreedores optaron por el uso de la fuerza.
Al final, el árbitro del conflicto fue Estados Unidos, en una lucha de influencia frente a los europeos y el problema quedó zanjado en el denominado protocolo de Washington. A pesar de ello, al andino aún le esperaban más eventos de enemistad con el exterior.
Aunque las reclamaciones de la compañía de asfalto, no giraron en torno al petróleo, pues no se erigía como materia determinante, significaron el punto de mayor tensión de las relaciones bilaterales en este siglo.
Así posiciona este evento el historiador y profesor universitario, Guillermo Guzmán Mirabal, autor de varios libros sobre el papel de los hidrocarburos entre mandatarios estadounidenses y sus pares venezolanos.
El vaivén de demandas inició en 1904, le siguieron protestas formales, la expulsión de un ciudadano estadounidense, un reclamo de indemnización por esta medida, propuestas de convenios que solo consiguieron rechazo y discusiones sobre un arbitraje imparcial. No escaparon de la diatriba los sobornos y el financiamiento de movimientos contra el gobierno de Castro.
Esta suerte de contrapunteo de acciones prosiguió hasta el retiro oficial de representantes y encargados de negocios en junio de 1908, medida aplicada por ambos países.
La llegada de Juan Vicente Gómez a la presidencia significó un giro en las relaciones con los norteamericanos. Solicitó la resolución de las reclamaciones, suscribió un tratado en el que se comprometía a cumplir con las obligaciones y se abrió camino a que cualquier controversia no resuelta se trataría en la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. Restableció las relaciones diplomáticas y las aguas volvieron a su cauce.
Este episodio bien podría catalogarse como preindustria petrolera y destaca como el gran impasse del siglo.
La negociación en crudo
Una sola legislación petrolera, deberes y derechos por igual para todos los concesionarios. Las empresas ahora deben regirse por la norma fiscal, técnica y económica del Estado.
Lo anterior, parte de las modificaciones que trajo consigo la Ley de Hidrocarburos, aprobada el 13 de marzo de 1943.
Se gestó bajo el gobierno de Isaías Medina Angarita (1941 – 1945). Militar formado en el largo período del gomecismo pero que propició una apertura democrática a la que se unió la propuesta de reformas.
En Venezuela operan, principalmente, empresas filiales de la Royal Dutch Shell (Reino Unido – Países Bajos), Standard Oil of New Jersey y la Gulf Oil Corporation (ambas originarias de Estados Unidos).
Las presiones de la diplomacia venezolana en las conversaciones anteriores motivaron los despidos del presidente de la Standard Oil Company de Venezuela y su jefe de negociaciones para América Latina. Las petroleras evitaron discutir las reformas desde un principio, a pesar de que sus magnates en EE.UU. se reunieron con altos funcionarios venezolanos.
Dos figuras estelares, el procurador general, Gustavo Manrique Pacanins y el embajador en Washington, Diógenes Escalante. Ambos echaron mano de encuentros con el Departamento de Estado, a la vez que fueron emisarios en las comunicaciones entre Medina Angarita y el presidente, Franklin Delano Roosevelt.
El contexto de la Segunda Guerra Mundial y la importancia del petróleo jugaron a favor de los criollos.
Bien lo cuenta el historiador, Antonio García Ponce en la biografía que escribe sobre el general Medina para la Biblioteca Biográfica Venezolana.
Un episodio similar ocurrirá en los convulsos años 60, esta vez en la administración del presidente Raúl Leoni (1964 – 1969). El polémico sistema de cuotas tensará la cuerda.
“En el juego de la Guerra Fría, los norteamericanos se preguntan: ¿Si hay un conflicto y tenemos que apelar a nuestra industria en qué grado vamos a encontrarla cuando la necesitemos? El crudo importado es más barato y no es rentable sacar del subsuelo en Norteamérica”.
Así plantea el profesor, Guillermo Guzmán Mirabal, las controvertidas restricciones a las importaciones donde Venezuela solicitaba que se le eximiera como ya ocurría con Canadá. Lo califica como “el gran lunar en las relaciones bilaterales”.
Transición con choques
El paso de la era de concesiones a la nacionalización de la industria petrolera supuso un intercambio de correspondencia entre el socialdemócrata, Carlos Andrés Pérez (CAP) y el republicano, Gerald Ford; quien asumió como el presidente número 38 de la Unión Americana luego de la renuncia de Richard Nixon.

El primer discurso de Ford ante las Naciones Unidas incluyó varios párrafos sobre el tema energético.
“Ahora es el momento de que los productores de petróleo definan su concepción de una política energética global para satisfacer la creciente demanda, y hacerlo sin imponer cargas inaceptables al sistema monetario y comercial internacional”.
¿A qué país o qué organización iban dirigidas sus exigencias? Miraflores lo tomó para sí.
Es 1974, hacía pocos meses los miembros árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) levantaron el embargo de crudo a los Estados Unidos. El bloque contestaba por el apoyo norteramericano a Israel en la Guerra del Yom Kippur.
El presidente Pérez (1974 -1979) firmó una carta pública dirigida al nuevo inquilino de la Casa Blanca.
“Sobre nuestros países es que han venido pesando siempre las cargas inaceptables del comercio internacional. Nuestras quejas y reclamos nunca han sido oídos y hemos sido burlados en nuestras legítimas aspiraciones”, reclamaba el tachirense.
Tenía palestra para hacerlo. Venezuela era miembro fundador de la organización energética pero no formó parte del embargo. El incremento de los precios la inundó de petrodólares, al tiempo que se unía a la tendencia de nacionalización de su industria como sus pares del Medio Oriente.
Miraflores se encargó de la difusión. Así lo atestigua el pago de una página entera en el diario The New York Times con la versión en inglés del documento.
En el mundo hispanohablante dio para mucho. Lo certifica una curiosa edición dedicada al gobernante por la revista Al Gurbal de Centro Libanés, principal casa de esta comunidad en México. La revista Crisis de Argentina la criticó al detalle bajo la dirección editorial del periodista Eduardo Galeano.
Ante la controversia, la embajada estadounidense en Caracas envió un telegrama al Departamento de Estado.
Un análisis de 11 puntos que repasa la “fortaleza económica y el liderazgo político” de Venezuela y que protagoniza el presidente. El objetivo era “resolver disputas sobre inversiones y evitar el desarrollo de una relación hostil”.
Describen a un país que “ha prosperado enormemente gracias al petróleo”. Califican que la sociedad venezolana tiene la “convicción” de que las empresas extractivas solo operan por su “propio beneficio” en contraste de un país que no recibía lo que esperaba.
Le dedican unas líneas a CAP, hablan de su rápido ascenso político como “figura hemisférica”. Lo caracterizan como “popular, enérgico y elocuente” pero que se distingue de otros políticos latinoamericanos porque no tiene título universitario y no habla inglés, en definitiva, “hecho a sí mismo”.
Hablan de un mandatario “irritado” por el discurso de Ford. Descartan que el address haya sido hecho específicamente para Venezuela sino para una “audiencia mucho más amplia”. Comentan que Pérez se irritó aún más por la “escasa atención que se prestó en Estados Unidos al mensaje”, allí mencionan la página del diario neoyorquino.
El grueso de la comunicación giró en torno a las recomendaciones para reducir hostilidades y no “poner en riesgo” el flujo de petróleo, las inversiones y empresas estadounidenses donde entran en juego las petroleras y el proceso de nacionalización, así como los millones de dólares anuales en exportaciones hacia el país caribeño.
“… la Embajada recomienda que intentemos iniciar un diálogo discreto con el Gobierno venezolano a distintos niveles”, enfatizan la elección de una agenda que se base en intereses compartidos.
El proceso de nacionalización se concretó el 1 de enero de 1976 y el desencuentro fue superado en los canales diplomáticos. El sucesor de Ford, el demócrata Jimmy Carter se convertiría después en el segundo mandatario estadounidense en visitar Venezuela.
Créditos:
- Reventón en el lago de Maracaibo (sin fecha). Red Historia de Venezuela, Colección Steve Sleightholm, compilación de Randy Trahan.
- Fotografía del presidente, Cipriano Castro (1913). Catálogo en línea de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
- Fotograma del documental “El Reventón. Los inicios de la producción petrolera en Venezuela”, pieza del director, Carlos Oteyza. Bolívar Films, colección Cine Archivo (2007).
- Fotografía del presidente Gerald Ford durante la 29.ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Catálogo en línea de la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA, por sus siglas en inglés).