¿Quién es el presidente de Venezuela?

Delcy Rodríguez intenta sostener el régimen mediante un guion conocido: usar la Constitución para vaciarla de contenido y evitar una transición real. El riesgo es claro: que todo cambie para que nada cambie. La transición no se mide por nombres, sino por hechos.

Después de la captura y extracción de Nicolás Maduro por el Gobierno de Estados Unidos, hay un “vacío de poder”, en términos políticos, pero no constitucionales.

En efecto, Maduro venía ejerciendo la presidencia, no con base en elecciones libres y justas, sino mediante mecanismos ilegítimos de represión, que se agudizaron luego de 2018. Las elecciones presidenciales de 2024 fueron una oportunidad única para impulsar una transición constitucional, pero el régimen optó por ignorar abiertamente los resultados. Con ello, comprometió irremediablemente su legitimidad para mantenerse en el poder.

Es decir, que en Venezuela había —y sigue habiendo— un vacío de poder constitucional por la falta de presidente electo y en ejercicio, pero no así de poder político, pues Maduro ejercía, de facto, ese poder (en condiciones muy precarias).  Fuera de Venezuela, ahora también hay un vacío de ese poder de facto.

Por ello, muchos venezolanos se preguntan, ¿y ahora qué?

Lo que la Constitución dice

Si la Constitución estuviera vigente —y no lo está—, la ausencia de Maduro supondría una falta presidencial que debe suplir el vicepresidente. Esta falta es, constitucionalmente, temporal, salvo que la Asamblea declare alguna de las causas tasadas en el artículo 233 constitucional.

Maduro no va a regresar a Venezuela, al menos en el corto plazo. Sin embargo, de acuerdo con la Constitución, sería necesario que la Asamblea Nacional declarase que la falta presidencial es absoluta, por una suerte de “abandono de la presidencia”. Solo así el vicepresidente podrá asumir como presidente encargado, mientras que en los próximos 30 días se convocan a elecciones presidenciales.

Nada de esto, por supuesto, tiene relevancia en los hechos, pues la Constitución fue derogada de facto.

Por ello, interesa comprender qué podría pasar en los hechos.

El constitucionalismo autoritario de Delcy Rodríguez

En una declaración muy confusa, pareciera que el presidente Trump indicó que Delcy Rodríguez se juramentó como presidente y que está colaborando con el Gobierno de Estados Unidos.

Por ahora, sin embargo, esto no ha pasado.

En su única intervención televisada hasta el momento, Delcy Rodríguez no declaró estar actuando como presidente encargado. Por el contrario, reivindicó que Maduro es presidente. Incluso presentó ante la Sala Constitucional el supuesto decreto de conmoción exterior firmado por Maduro semanas atrás, que comenté aquí en La Gran Aldea.

Pero al mismo tiempo, Rodríguez dijo estar presidiendo el Consejo de Seguridad de la Nación, que, de acuerdo con el artículo 323 constitucional, está dirigido por el presidente. O sea, que en los hechos, Rodríguez sí estaría actuando como presidente.

Uno de los aspectos que puede llamar la atención es que, en su primera alocución, Rodríguez haya invocado la Constitución —ese librito azul que tanto se ha citado y tanto se ha violado— para someter al control de la Sala Constitucional un decreto de conmoción extranjera. ¿Acaso no hay temas más prioritarios que atender, luego de la detención y extracción de Maduro, que cumplir con supuestas formalidades constitucionales?

Si algo he aprendido del chavismo-madurismo, es que se trata de un movimiento constitucional autoritario, en el sentido de que su autoritarismo se basa en el uso, el desuso y el abuso de la Constitución. Por ello, en realidad, no sorprende que, en su peor crisis política, el madurismo haya optado por seguir el guion constitucional, usando a la Sala Constitucional tal como Maduro lo hizo en 2013, cuando se anunció la muerte de Chávez.

¿Y qué puede pasar?

Si se sigue el guion del constitucionalismo autoritario y populista, esto es lo que podría suceder.

La Sala Constitucional va a declarar “constitucional” el decreto inconstitucional de conmoción exterior. Y, al hacerlo, de paso, justificará que Delcy Rodríguez asuma el cargo de presidente encargada. Con ello, se evita la difícil tarea de reconocer que tal falta existe cuando se mantiene que Maduro sigue siendo presidente. Para dar otra patina de constitucionalidad, la Asamblea Nacional —probablemente, la ilegítima quinta legislatura, cuyo mandato acaba el 5 de enero— refrendará esa decisión.

Un detalle importante es que la Sala Constitucional debería cuidarse de no declarar que la falta presidencial es absoluta, pues ello obligaría, según la Constitución, a convocar elecciones en un plazo de treinta días. Además, la falta temporal sería coherente con la narrativa según la cual Maduro aún es presidente. Así que, mientras se espera su retorno, solo podría haber una falta temporal.

Pero si de verdad Delcy Rodríguez está colaborando con Estados Unidos, entonces, este guion podría sufrir alteraciones. Por ello, más allá de las palabras, es importante ver las acciones de las próximas horas y así comprobar si, como cabría esperar, la intención de Delcy Rodríguez es que todo cambie para que todo siga igual.

Si este es el caso, por supuesto, el nuevo régimen de Delcy Rodríguez será todavía más frágil e ilegítimo que el anterior de Maduro. Esto no solo impedirá implementar las políticas de reconstrucción de Venezuela, sino que además preservará la misma estructura que llevó al Gobierno de Estados Unidos a remover a Maduro.

Pues el problema de fondo nunca ha sido, por supuesto, Maduro, sino el régimen ilegítimo, criminal y predatorio que él representaba. Y acabar con ese régimen para enrumbar al país hacia una transición conforme a los artículos 333 y 350 constitucionales requiere acciones, no promesas.

Por ahora, lo que está claro es que no existe ninguna señal definitiva que indique que esta transición, más allá del cambio operado en el gobierno, sea también el primer paso del cambio de gobierno

En todo caso, como en el béisbol, debemos recordar que en lo que respecta a los problemas constitucionales, el juego no se acaba hasta que no termina.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.