
Esta vez la rebelión es contra los náufragos y la barbarie
El pueblo venezolano no solo votó contra Maduro, sino también contra aquellos que, disfrazados de opositores, han sido funcionales al régimen.
En el libro La Rebelión de los Náufragos, Mirtha Rivero documentó cómo ciertos dirigentes políticos, empresarios y periodistas facilitaron la destrucción de la democracia en Venezuela. Lo hicieron por conveniencia, cobardía o corrupción, y cuando el país se precipitó al abismo, intentaron aferrarse a los restos de lo que ayudaron a hundir. Hoy, los náufragos son otros, pero su papel ha mutado: ya no erosionan la democracia desde dentro, pues esta ha sido aniquilada; ahora su misión es impedir su resurgimiento. Este grupo, pequeño pero estridente, busca contener la verdadera rebelión ciudadana. Temen la libertad porque no saben vivir sin amos poderosos que dicten sus acciones y, en parte, porque intuyen que su complicidad será juzgada.
22 de octubre de 2023 y 28 de julio de 2024
El 22 de octubre de 2023 y el 28 de julio de 2024 marcaron la ruptura definitiva de Venezuela con la mentira. No fueron simples jornadas electorales: fueron un veredicto inapelable. El pueblo venezolano, dentro y fuera de sus fronteras, sin distinción, dictó sentencia. El régimen chavista es ilegítimo, su continuidad tambalea y cualquier intento de sostener la farsa de su permanencia será arrasado por la determinación de una sociedad que no tolera más opresión. Venezuela no solo exige un cambio de gobierno; demanda el colapso total de un sistema de corrupción y servilismo que ha sofocado a la nación durante un cuarto de siglo.
Desde la Primaria, donde María Corina Machado arrasó con más del 90% de los votos, hasta las presidenciales de 2024, en las que Edmundo González Urrutia se impuso con una mayoría incuestionable a pesar de las amenazas, trampas y delitos del régimen, Venezuela dejó claro que no hay regreso al pasado. Ni al inmediato ni al anterior. La nación se ha dislocado. La farsa del chavismo quedó expuesta y, con ella, la de la otrora «oposición» gatopardiana, hoy devenida en siervos del poder, quienes buscan perpetuar el teatro de una dictadura que antes usaba un maquillaje democrático y que hoy solo se asocia con la barbarie.
La exposición de la farsa chavista y los siervos del poder
Quienes buscan pasar la página con la excusa de «defender los votos» (vaya ironía) son los mismos que intentaron sabotear la primaria al prever la victoria de Machado; los que nunca colaboraron en la campaña de González Urrutia y aseguraban, con derrotismo cómplice, que no había organización para defender el voto (y se equivocaron, como siempre); los que callaron el 29 de julio y los días posteriores donde asesinaron a decenas y secuestraron a miles; los que culpan a las sanciones de todo y al régimen de nada; los que hoy usan no irónicamente y con la cara de piedra la palabra “decide”, pero que buscan pisotear la decisión del 70% de los votantes del 28J que eligieron ser libres, cuyos votos han sido ultrajados, robados e insultados.
Estos personajes generan hoy el mismo desprecio que el chavismo, porque en la conciencia colectiva han quedado reducidos a lo mismo. Se aferran desesperadamente a un falso dilema de «votar o no votar», cuando la única respuesta posible es hacer valer el 28 de julio. No hay “fracturas” en la oposición, solo una depuración natural. Como ya he escrito antes: no se fractura un árbol cuando de su rama cae una fruta podrida; se fortalece. Y eso es lo que está ocurriendo en Venezuela.
Paralelismos históricos: De la Francia de Vichy a la Venezuela actual
La historia ofrece paralelismos inevitables. Como en la Francia de Vichy, donde los colaboracionistas del régimen nazi intentaron aferrarse al poder incluso cuando la derrota era inevitable, los cómplices del chavismo buscan perpetuar su influencia bajo nuevos disfraces. Pero, como sucedió con los traidores de aquella época, el juicio de la historia (que no es más que el recuerdo de los ciudadanos) será implacable. En la Alemania de la posguerra, miles de funcionarios del nazismo intentaron reinventarse como demócratas, pero la memoria colectiva los condenó. Venezuela ya decidió. No aceptará migajas ni jaulas “más grandes”.
La dislocación
La dislocación de Venezuela no es solo política, es moral. Se ha roto el pacto de cohabitación con la tiranía y sus serviles intermediarios. Cuando la democracia regrese, y regresará porque así los hemos decidido, no habrá venganza ni persecución, pero tampoco habrá olvido. El “nunca más” será amplio y poderoso: jamás una tiranía pero tampoco volver a ser engañados por aquellos que banalizan el mal y venden sumisión ante la injusticia.
Hoy, el deber de cada venezolano es resistir con determinación, seguir luchando y, sobre todo, recordar: la rebelión, esta vez, fue contra el chavismo y también contra los náufragos, sus cómplices. Venezuela ya los desechó. Tendrán un lugar en los libros de historia, pero será después de las hazañas de quienes lograron la democracia. Y será un lugar marcado por la vergüenza.
Viva Venezuela libre.